Una decisión inteligente

Más de veinte años en la APBA invitan a reconocer en Landaluce la plena idoneidad para la tarea

La decisión de designar a Gerardo Landaluce Calleja para presidir los destinos de los asentamientos portuarios del Campo de Gibraltar, es un acierto. Escuché en círculos diversos, junto al suyo, otros nombres, que no me parecieron descartables y que tendría hoy por válidos, pero no hay duda de que eran muchas las causas que habrían servido para justificar esta elección. Más de veinte años formando parte activa en la gestión de la APBA, subdirector general de Desarrollo y Comercial y, sobre todo, el sincero y decidido apoyo de Manuel Morón invitan a reconocer en Gerardo Landaluce la plena idoneidad para la tarea.

La designación de nuestro paisano tiene una inevitable componente política, pero es de celebrar que se haya tenido en cuenta su trayectoria profesional; la formación y experiencia del actor que ha de entrar en escena, siendo ésta de tan notable complejidad. No debe obviarse el protagonismo de Landaluce en el espectacular avance del microcosmos portuario, pues si bien se alude siempre a la persona que lidera el grupo de cabeza, la victoria ha de ser compartida, los logros son de todos y Landaluce ha sido una pieza fundamental en ese pelotón que ha colocado a nuestro puerto entre los que forman la élite del comercio marítimo mundial. El entramado de grandes industrias, AGI, -la asociación fue presidida por Manuel Morón inmediatamente antes de su designación para la APBA-, la Cámara de Comercio y la Autoridad Portuaria forman el esqueleto estructural del desarrollo comercial e industrial de la comarca. Hubo un período en que Cámara y Autoridad Portuaria estuvieron presididas por la misma persona, Victoriano Juan López Cuevas. Nuestro admirado y ya desaparecido amigo, miembro de una familia de hondas y fecundas raíces en Algeciras, fue presidente del Puerto durante cuatro años, entre los días 13 de junio de 1979 y 1983, y de la Cámara entre el 26 de enero de 1979 y el 15 de noviembre de 1993. De modo que accedería a la presidencia del Puerto a muy poco de hacerlo a la presidencia de la Cámara. En ese período se gestó el acercamiento al gran artista tarifeño Guillermo Pérez Villalta, por el que López Cuevas sentía una vieja admiración. Las gestiones del presidente fraguaron en el diseño y construcción del edificio singular que hoy forma parte de lo mejor del acerbo cultural de Algeciras, cuya dirección técnica estuvo a cargo del arquitecto algecireño Enrique Salvo Medina.

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