Carta abierta de Sara Lobato, alcaldesa accidental de Los Barrios, al padre Yelman Bustamante

El hasta ahora párroco de San Isidro se trasladará el septiembre a Conil 

Sara Lobato, en el despacho de Alcaldía. Sara Lobato, en el despacho de Alcaldía.

Sara Lobato, en el despacho de Alcaldía. / E. S.

Querido Padre Yelman Francisco Bustamante Solórzano:

Hoy, desde el cargo que ostento, voy a hablar con el corazón y voy a intentar ponerle voz al pueblo de Los Barrios. Pueblo que, con tu partida, Padre Yelman, se ha visto abrumado por una avalancha de sentimientos encontrados: por un lado, la amargura de ver que te vas, tú, que más que párroco fuiste y eres un amigo para todos nosotros; por otro, la esperanza de que el nuevo párroco que viene a sustituirte sepa y pueda darnos la mitad del cariño, el afecto y el trabajo que tú nos diste durante estos años.

Has sido el consuelo de muchas personas en los momentos más duros, cuando se pierde a un ser querido y sientes ese desgarro dentro de ti. Ahí has estado tú, apoyando con tus hermosas palabras de sabiduría y afecto a las familias para que sintieran ese aliento amigo que se hace tan necesario cuando no ves la luz.

Pero, además, has estado presente en momentos inolvidables para muchos y muchas. Has casado a parejas enamoradas, oficiando ceremonias donde has conseguido resaltar lo bueno de cada uno en cada instante; has estado en bautizos de esos pequeños y pequeñas que tanto amas y que tendrán la suerte de tener en sus vidas esa foto del día de su bautismo con un párroco adorado por su comunidad cristiana y por los que no forman parte de ella también.

Siempre pienso, y lo creo profundamente, que los seres humanos somos luz: luz que se desprende de cada uno de nosotros siendo amables, haciéndole la vida más fácil a quienes nos rodean; luz que puede iluminar la oscuridad de quien lo necesita; una especie de pilotito que se enciende en las tinieblas y genera tranquilidad. Esa luz eres tú, Yelman, una luz gracias a la cual muchos y muchas nos hemos sentido guiados.

Hemos vivido momentos de desesperación en nuestro pueblo, como los de aquellos días en los que, no hace mucho, tuvimos que socorrer y auxiliar a aquellas personas que llegaron a nuestras costas, en busca de esperanza y un futuro mejor, después de arriesgar sus vidas cruzando el estrecho. Ahí estuviste, junto a nuestro Ayuntamiento, brindando ayuda a los desesperados y contribuyendo con tus llamamientos a que se creara en nuestro pueblo una ola de solidaridad que no tiene precedentes. Pueblo solidario donde los haya, que, de la mano de su parroquia, la que abrió sus puertas de par en par para que todos los ciudadanos sin distinción, independientemente de sus creencias, se sintieran parte de una comunidad, tu comunidad, esa que tú tanto has amado y has sabido acercar a los más jóvenes.

Hoy aquí no te decimos un adiós sino un hasta luego, porque, gracias a ti y solo a ti, has dejado las puertas de este pueblo abiertas para cuando quieras volver. Tu plaza de la iglesia y tu torre se iluminarán con fuerza para que te llegue su luz hasta ese bendito pueblo de Conil. Pueblo que va a tener la gran suerte de recibirte y al que, sin duda alguna, te entregarás con el mismo amor con el que lo hiciste entre los barreños y barreñas.

Una vez más, querido Padre Yelman, te expreso, en nombre de todos nosotros, nuestra infinita gratitud por todo lo que has dado a este que también es y será para siempre tu pueblo, Los Barrios.

Afectuosamente, tu vecina y amiga Sara Lobato, alcaldesa en funciones de la Leal Villa de Los Barrios

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