Al sur del sur

Javier Chaparro

jchaparro@grupojoly.com

Las barriadas también existen

Landaluce puede optar por seguir contemplando su reflejo en el agua o corregir el rumbo de un mandato anodino

Nueve de las principales asociaciones de vecinos de Algeciras han dicho basta ante la palpable situación de abandono que se vive en muchos de los barrios más populares de la ciudad, sin papeleras, con contenedores de basura sucios y rotos y sin un baldeo a conciencia de las calles desde hace lustros. No se trata de un capricho o de una simple cuestión de imagen, sino de salubridad, de acabar con los malos olores, de poner coto a las plagas de cucarachas y otros insectos, así como de ratas, cuyas correrías a plena luz del día han sido grabadas múltiples veces en vídeo por los vecinos, hartos de denunciar en las redes sociales una y mil veces la situación. Este periódico lo pone hoy de relieve nuevamente en un amplio reportaje, tras las vanas promesas de mejora realizadas por los gestores municipales.

El estado de limpieza de una ciudad y de sus jardines, como el de sus solares, es posiblemente el mejor espejo de la gestión de un ayuntamiento, donde se muestra de manera inmediata y cotidiana su capacidad para poner orden, el área donde los méritos y los déficits quedan más expuestos al público. Algeciras perdió hace tiempo la batalla urbanística por culpa de la especulación. El desarrollismo echó abajo el caserío tradicional y nos legó ese perfil de edificios como cajas de zapatos que ocultan la bahía, en perfecta definición de Juanjo Téllez. Las herencias con saldo negativo tienen difícil remedio, pero conservar los escasos vestigios que aún quedan en pie (el mercado Ingeniero Torroja o la casa Millán, en la Plaza Alta, son ejemplos de ello) y hacer más habitable la ciudad sí son misiones irrenunciables para el actual Consistorio. De poco sirve a los algecireños que se proclame a los cuatro vientos que viven en la capital de la comarca, en la ciudad con mayor renta per cápita de la provincia si al pasear por algunas calles se les quedan pegados al suelo las suelas de los zapatos por la inmundicia acumulada. Las barriadas periféricas, y no solo la zona sur, sufren desde hace años un estado abandono que debe ser corregido. Y no, no cabe culpar de ese deterioro ni a la herencia recibida hace ya casi ocho años ni al incivismo de una minoría de ciudadanos, la misma que posiblemente exista en otras poblaciones, sino a la desidia de quien debiera haber prestado atención al problema, con campañas informativas, con más personal de limpieza y reponiendo el material ya amortizado.

Hacer ciudad es mucho más que poner una valla cutre a media tarde para hacer semipeatonal una calle, hacerse una foto mientras se supervisa cómo se repinta un paso de cebra u organizar festivales carnavaleros con fondos de la UE... Si Bruselas supiera. Landaluce puede optar de aquí a las elecciones por seguir contemplando su reflejo en el agua, deleitarse con la voz de los pelotas cuyos servicios subvenciona o corregir el rumbo de un mandato municipal absolutamente anodino.

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