La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

El amor, gran escultor

Como si lo esculpido por Juan de Mesa fuera ultimado, perfeccionado y significado por el amor que Sevilla le tiene

Se entraba en la Edad Moderna y nacía España cuando se fundó la Hermandad del Traspaso bajo el reinado de Fernando e Isabel. Pasaron los Trastámara, llegaron los Austria. Reinaba Felipe III cuando Juan de Mesa esculpió la imagen del Señor y lo entregó a la Hermandad el uno de octubre de 1620. Pero el Señor del Gran Poder no estaba del todo terminado. Mesa, con el conocimiento teológico de los imagineros de su época, con sus pecados y sus virtudes, con sus dudas y sus certezas, con sus desánimos y su esperanza, con todos sus saberes de artista y toda su experiencia de vida llevados al límite, con ese sufrimiento y ese desagarro que siempre están en el origen de las grandes obras, esculpió la imagen hace 400 años. Pero fueron los sevillanos, generación tras generación, mirada a mirada, oración a oración, lágrima a lágrima, quienes lo convirtieron en quien hoy es. Como si lo esculpido por Mesa fuera ultimado, perfeccionado y significado por el amor que Sevilla le tiene.

La relación entre el Gran Poder y Sevilla es una historia de amor que, como todo cuanto tiene que ver con Dios, ha abierto a lo largo de estos cuatro siglos caminos sin final. Las calles que llevan a San Lorenzo terminan en la eternidad porque conducen al encuentro con el Señor representado en su imagen a la vez más hondamente compleja y más sencillamente comprensible. Un don de Dios que ha confortado, enderezado, acompañado, consolado y sustentado millones de vidas a lo largo de cuatrocientos años, día a día.

Pasan edades y siglos, casas reinantes y monarcas, regímenes absolutistas, dictatoriales y democráticos, papas y obispos. Y la Hermandad perdura sostenida por la sola fuerza de sus hermanos. Y el Señor reina sostenido solo por su Hermandad y sus devotos. ¿Qué institución religiosa sólo de laicos y qué devoción sólo por ellos soportada es capaz de perdurar así? Los grandes conventos de la gran Sevilla cayeron, poderosas órdenes religiosas se extinguieron, parroquias desaparecieron, mientras el altar del Señor -desde el primero en el hace tantos años desparecido convento del Valle hasta el actual- nunca ha dejado de tener culto, recibir oraciones y congregar fieles ante la imagen más portentosa del arte cristiano. Todo pasa, menos Él. Todos los poderes y los imperios son nada frente al misericordioso poder y el imperio de ternura que el Señor del Gran Poder tiene en sus fuertes manos trabajadas por trabajos de amor.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios