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josé aguilar Ignacio Martínez

En alerta antifascistaVoto de calidad

La alerta de Podemos es inútil, ridícula y peligrosa: se dirige contra los resultados de unas elecciones libresTodos los diputados elegidos el domingo tienen la misma dignidad, la que les da el pueblo andaluz votándolos

Parece increíble, pero una actuación política puede ser a la vez ridícula, inútil y peligrosa. Hacer una cosa que resulte al mismo tiempo grotesca, ineficaz y llena de riesgos no es tarea fácil. Sólo está al alcance de unas mentes privilegiadas. Como las que convocaron las manifestaciones llamadas antifascistas de esta semana.

Siempre consideré patéticas las protestas que se organizan inmediatamente después de una jornada electoral. De un patetismo infantiloide: pataletas de críos contrariados porque la realidad no se ajusta a sus deseos. Porque Vox ya existía mucho antes del 2-D, de modo que lo que se ha denunciado en la calle no es su existencia, sino su llegada al Parlamento. Es decir, que casi 400.000 andaluces los hayan llevado allí con sus votos.

Lo que lleva a la segunda calificación de esta movida callejera: perfectamente inútil. El "No pasarán" mítico de Pasionaria en el Madrid cercado lo han convertido estos manifestantes andaluces, ochenta años después y en uno de los veinte países más prósperos del mundo, en una caricatura histérica y extemporánea. Los de Vox no pasarán, ¡es que ya han pasado! Han concurrido a unas elecciones libres, han logrado doce diputados y permanecerán en sus escaños defendiendo sus ideas -la mayoría perniciosas, según mi criterio- los próximos cuatro años, salvo que no respeten las reglas del juego y vulneren las leyes. Como todos los demás diputados. Las manifestaciones habidas no los van a echar.

Pero, en tercer lugar, también son peligrosas. No en sí mismas (poca gente, escasa continuidad, violencia de baja intensidad), sino por el marco conceptual al que responden. Por un lado, lo que se impugna es el resultado de las elecciones andaluzas, lo que equivale a cuestionar la soberanía popular. O sea, si no me gusta lo que vota la gente, la llamo fascista y me dispongo a combatirla. Esta actitud sí que recuerda mucho la aversión histórica de los fascistas a la democracia (las urnas están para romperlas). Por otro lado, quien promueve esta alerta antifascista es Podemos -lo de la convocatoria "espontánea" en las redes es un cuento-, el tercer partido de España en representación. Por eso es peligroso el asunto, por venir de un partido democrático que impugna la decisión de los votantes.

Menos mal que Íñigo Errejón, el más lúcido de esta pandilla, ha pedido humildad en Podemos. Invita a sus colegas a preguntarse menos por los 400.000 votos de Vox que por los 282.000 perdidos por Adelante.

FUE Enrique Tierno Galván quien acuñó en 1977 la expresión de "votos de calidad". Para él, los votos reflexionados e ideológicos valían más que los otros. El PSP acababa de sacar seis diputados y el PSOE renovado de Felipe González, con sus 118 escaños se quedó con la marca socialista en España. Esta semana en una entrevista, Susana Díaz ha dicho que los votos de Ciudadanos no son de más calidad que los socialistas. Tiene razón ella y no la tenía el viejo profesor; todos los votos tienen la misma calidad.

Pero hay que añadir enseguida que también hay que incluir los votos de Vox en este plano de igualdad. Y a sus representantes: todos los elegidos por el pueblo andaluz el pasado domingo tiene la misma dignidad inicial. Todos tienen que ganarse el respeto de los ciudadanos, acatando la Constitución y las normas de convivencia. (Y Vox lo perderá si intenta recortar derechos civiles a mujeres, inmigrantes, gais o a quien sea). La presidenta en funciones también propone un cordón sanitario, antes de empezar. Es una cuestión ética, dice. Pero también interesada, para conservar su sillón en San Telmo. Díaz es muy de cordones sanitarios, primero puso uno a sus antecesores en la Junta y se desentendió del pasado; después otro a los sanchistas, para que su grupo parlamentario fuera cien por cien susanista, y ahora a Vox. Pero no puede acordonar a estos 12 diputados la capilla de las Cinco Llagas.

Desde junio pasado la derecha mediática y política está acusando a Pedro Sánchez de ser un presidente ilegítimo. El PSOE ha defendido que el presidente fue elegido según todas las normas, por diputados en pleno ejercicio de sus funciones. Tienen razón los socialistas, por mucho que entre los votantes de Sánchez estuviesen quienes se cisquen en el régimen del 78, declarasen la independencia de Cataluña o no hayan pedido perdón por apoyar a los asesinos de ETA. Pero ahora Susana no puede en Andalucía plantear lo contrario, con el argumento de que hay diputados indignos.

Un último dato coloca al partido de Díaz aún más en precario. El PSOE tiene en el Congreso el 24% de los escaños, exactamente igual que el PP en el Parlamento andaluz. Y hay otro paralelismo; ambos son segundos partidos. En la Carrera de San Jerónimo el PP es el primero con el 39% de los diputados y en Las Cinco Llagas lo es el PSOE, pero sólo con el 30% de la representación. Con esta simetría no se puede pretender tachar de ilegítimo el nombramiento de Moreno o Marín, porque les apoye un partido cuyo ideario no nos gusta. Es una cuestión de calidad y cantidad.

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