Rafael Fenoy Rico

Acoso en la redes o redes de acoso

Algún medio que se califica de periodístico utiliza el acoso en las redes para hacerlo noticiable 

Una mujer consulta sus redes sociales. Una mujer consulta sus redes sociales.

Una mujer consulta sus redes sociales.

Que hay acoso en las redes no es nada nuevo. Mientras el anonimato en las mismas lo permita, se alimentan los bajos instintos de una minoría minoritaria que pervierte con su inmadurez y mala uva la tan necesaria libertad de expresión. Con estar confinado este acoso en redes, mal está pero al menos confinado queda. Lo grave es que algún medio, que se califica de periodístico, utiliza ese acoso para hacerlo noticiable. ¿Les falta material o imaginación? Lo cierto es que la noticia no es ya lo que ocurre en la realidad, sino que el acoso en redes se convierte en la noticia. Un ejemplo de ello lo proporciona un conocidísimo y popular periódico gratuito, que se reparte en las grandes ciudades, y que reproduce una campaña de acoso en redes a una determinada persona.

Periodismo. Gran palabra que llena de esperanza a quienes anhelan poder recibir información veraz y contrastada. Los intentos en redes de linchamiento moral (más de una o uno está deseando pasar al físico) imagen fascista por antonomasia, adquieren un mayor impacto cuando de ellos se hace eco la “prensa”. Una prensa que manifiesta ser rigurosa y defensora de la buena información.

Cuando una persona que se autodefine como periodista, recoge sin contrastar, ni siquiera bucear algo en la basura descalificadora de las redes, desprestigia esta noble profesión. De hecho, este acto de copiar y pegar los insultos que envenenan las redes contra determinada persona, simplemente no es periodismo. Porque más allá de ser, en el fondo de su ser otro acosador más, con mal leer, y saber copiar y pegar, tiene bastante. Criatura que firma con esos contenidos desprestigia al medio. Porque de las redes el periodismo debe ocuparse y mucho, ya que una de las causas más importantes de la grave crisis que atraviesa la profesión reside en su existencia. Pero una cosa es ocuparse, utilizar los indicios, recoger fuentes, seleccionar contenidos noticiables; y otra muy distinta, hacerse eco, acríticamente, de expresiones textuales envenenadas cuyo objetivo sólo persiguen acosar a alguien.

Esto que alguien hace no es periodismo, aunque probablemente ni se haya dado cuenta, imbuido por el ansia de dar la nota, ya que, al fin y al cabo, copiar lo que otros dicen en las redes es su mayor logro. Y se da la paradoja de que si alguien roba o estafa o asesina, para esta criatura periodística, la noticia es que la víctima ha dado pie a que se le estafe, se le robe o se le asesine, en lugar de utilizar el indicio para preguntar a la víctima o sus allegados sobre lo sucedido. En la profesión periodística, la de verdad, cuando se dice algo de alguien, se recoge el testimonio de ese alguien por si tiene algo que aportar, confirmar o desmentir.

Nada de eso se ha hecho y el periodismo como profesión se resiente porque por ese camino, de copiar y pegar el acoso en las redes, el mismo medio llega a formar parte de las redes de acoso.

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