Yoko Ono

Hemos caído del argumento de autoridad al argumento de celebridad, que habría estremecido al Aquinate

Nada deja más desamparada una causa que una defensa estrafalaria. El ataque más encarnizado es menos letal. No extrañaría que el golpe definitivo al independentismo catalán se lo haya atizado Yoko Ono con su apoyo al referéndum. Natural que los catalanistas quieran dar proyección internacional a lo suyo y más cuando hasta la ONU les da nones. Pero Yoko es demasiado.

Santo Tomás de Aquino advertía que el argumento de autoridad es el menos autorizado de los argumentos. Los escolásticos lo usaban, claro, porque todos los razonamientos valían en su empeño de unir fe e inteligencia. Pero ponían al final los de autoridad, y eso que eran de autoridades auténticas, esto es, de pensadores que no se habían equivocado casi nunca.

No es el caso de Yoko Ono. En realidad, hemos caído del argumento de autoridad al argumento de celebridad, que habría estremecido al Aquinate de espanto. Viene a ser que a cualquier cosa que suelte un famoso o alguien que sale en la tele o un tipo con muchos seguidores en Twitter se le da bola. Hubo un escalón intermedio que no presagiaba nada bueno. Cuando se daba autoridad a lo que decía alguien que debía la suya a otro ámbito de competencia. Un futbolista hablando del cambio climático, por ejemplo. O un cantautor, de economía financiera. O un científico, de Teología. El argumento diagonal de la autoridad portátil nos ha traído a Yoko Ono.

Cierto que yo cito mucho, y que alguien podría pedirme ahora explicaciones. Por si acaso, las doy. Nunca baso mis artículos en la razón de la autoridad, sino en la autoridad de la razón, pero, si un pensamiento lo expresó muy bien alguien o me lo enseñó, lo cito por puro reconocimiento y admiración. No para ampararme. Y también porque creo que la cultura es una conversación y me gusta llamar por su nombre propio a mis interlocutores.

"Pero ¿no -podría insistir ese imaginario interlocutor- te has alegrado de que Isabel Coixet o Mireia Belmonte defiendan la españolidad de Cataluña?" Sí que lo he hecho, y porque ambas hablan desde la autoridad de sus méritos artísticos o deportivos y, sobre todo, desde la legitimidad de ser españolas y catalanas. Yoko Ono tiene la experiencia de que ya independizó a John Lenon, y ya está. Con todo, fiel a mi tomismo, incluso lo de Coixet y Belmonte, que me alegra, por supuesto, me parece un argumento menor. Los hay (históricos, constitucionales, éticos) mucho más contundentes.

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