Vuelta la burra al trigo

La región de Madrid está ahora envuelta en los procesos propios de una república bananera

Desde que la colectivización del yo y la exclusión de lo distinto por causa étnica echaron raíces en la sociedad catalana, no han dejado de progresar. Ahora ya es una cuestión consolidada, una cualificación de naturaleza política. Un sector importante de esa sociedad -tal vez un 40% de sus electores- optaría por una Cataluña separada, más o menos radicalmente, del Estado. Causas diversas, internas y externas, políticas, culturales y sociológicas han generado un alejamiento que no conduce a nada y que perjudicará de modo permanente a la región catalana y a la nación española, horadando la convivencia y dificultando la presencia de la región en las instituciones del Estado y recíprocamente. Los redactores de la Constitución creyeron que la descentralización y las concesiones a los autogobierno regionales, podrían resolver las tensiones separatistas puestas de manifiesto en el primer tercio del siglo XIX, pero no fue así. Por el contrario, cediendo competencias esenciales como la educación, la sanidad, la administración de justicia y la seguridad, cuartearon la historia y deterioraron la cohesión nacional.

En cuanto al nacionalismo vasco, espera y observa. No era imaginable que se le adelantase el catalán, pero ya que lo ha hecho, aquel se ha situado en una suerte de hibernación. Mientras tanto blanquea su comprensión del terrorismo, profundiza en su autonomía y refuerza el camino hacia sus objetivos separatistas. La extensión de la cesión desmesurada de competencias a las autonomías regionales, de las que pende el más que disgregador asunto de la lengua, nos hace pensar en un Estado fallido con no pocos elementos perturbadores de cualquier propósito de recuperación; la falta de lealtad a la Constitución, la inaceptación de la forma y el menoscabo a la iconografía y símbolos del Estado, son los más significativos.

La región de Madrid está ahora envuelta en procesos propios de una república bananera; subproducto de un gobierno débil, intervencionista y confuso. Sometido al beneplácito de lo peor: separatismos, blanqueo del terrorismo y pensamiento único. En Madrid ya no es sólo Madrid lo que importa. La resurrección del frentepopulismo, de tan trágicos efectos en nuestra historia reciente, incide en la región materializándose en un Lázaro parido por las tinieblas, las trampas, las mentiras y las estrategias de alcantarilla. De momento no hay tiro en la nuca, pero da la impresión de que no se descarta.

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