El pasado mes, con ocasión del décimo aniversario del movimiento 15-M, se realizaron algunos análisis acerca de lo que supuso y del legado que dejó. La verdad es que en la mayoría de los escritos se concluía que al final aquello quedó, en prácticamente, nada; salvo algunos que hacían una exaltación propia de una religiosidad laica. Por mi parte, además de unirme a la opinión de esa generalidad, añadiría que lo que sí hizo fue potenciar el voto de cabreo del que, en aquel momento, se beneficiaron Podemos y Ciudadanos; lo mismo que, más recientemente y por otros motivos, Vox. Si bien la revalidación de este tipo de votación la tenemos en los últimos comicios de la comunidad de Madrid. Al margen de a quienes convenció y sedujo políticamente Ayuso, no fueron pocos los que siendo de izquierda la votaron, como un modo de castigar a Pedro Sánchez. A la vista de estos hechos, cabría suponer que, en la actual coyuntura, el sanchismo -que dirige Iván Redondo, el jefe del Gabinete de Presidencia- tomará nota para redirigir las estrategias políticas, pero parece que no. La política del gobierno de España no se aparta de la descoordinación -por ejemplo, con ministros que manifiestan cosas diferentes sobre un mismo suceso, como hemos visto con Brahim Ghali-, del desafío a la división de poderes -como pasa con la segura concesión de indultos a los políticos independentistas catalanes, en contra de los informes de la Fiscalía y del Tribunal Supremo-, de la arbitrariedad con las autonomías -con un ahora sí y un ahora no en la cogobernanza de la pandemia-, del abuso -como es el recurrir con exceso a los decretos-ley-, de la opacidad -como cuando se bloquea la necesaria transparencia, como ocurrió en el caso Delcy- y de un perfil camaleónico -tal como afirmar un día que no se pactaría con partidos como Bildu y, después, convertirlos en aliados por su exclusiva conveniencia-. Obviamente, podrían citarse muchos más ejemplos, pero los mencionados son más que suficientes para entender los descensos de la valoración de Pedro Sánchez y de la intención de voto del PSOE. Todo el mundo sabe aquello de la gota que colma el vaso; pues bien, con respecto a lo que hablamos, las gotas que han ido llenando el recipiente no son solo debidas al tema de los indultos sino a otras muchas razones. Con todo historial acumulado sería muy hipócrita que, en próximas elecciones, se sorprendieran del castigo a Sánchez y, a la vez, indignante que, de nuevo, reprendieran a los ciudadanos por no votarlo.

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