Su propio afán

Tildes y mentiras

En la lucha contra la posverdad o, siendo sinceros, contra la mentira, todas las tildes son pocas

DEBO a María Solano Conde el descubrimiento de la frase, que ella subrayaba en Twitter preguntándose: "¿No poner tildes es peor que mentir?". La frase en cuestión interpelaba a Pablo Iglesias y era del político de Ciudadanos Juan Carlos Girauta: "Mientes, para no variar. Y lo que es peor: te falta una tilde". A María Solano le debemos la velocidad para detectar la graciosa incoherencia.

Aunque la clave podría estar en que, en efecto, es graciosa. Si Girauta sólo fuese político, no habría más que añadir, pero, siendo también columnista de fuste, quizá haya que darle una vuelta a su frase. No vayamos a estar ante un insulto con un retíntin o carlyliano o borgesco. Ya saben cómo Thomas Carlyle avisó de las horrendas consecuencias del crimen en Del asesinato como una de las bellas artes: "Uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le dará importancia al robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente". De seguir al escocés, Girauta habría copiado al modelo casi literalmente: "Uno empieza defendiendo dictaduras sangrientas y teocracias férreas, pronto no da importancia a los escraches en la universidad, de los escraches pasa a rodear el Congreso y de ahí a la mentira, y acaba por no poner bien las tildes en Twitter". O Girauta puede estar siguiendo el modelo de Jorge Luis Borges, que en Arte de injuriar había admirado esta frase: "Señor, su esposa, con la excusa que se dedica a la prostitución, vende géneros de contrabando".

Lo que parece dejar claro, porque lo subraya con la expresión "para no variar" es que se moteja la mentira de Pablo Iglesias como "irrelevante" (igual que el asesinato de Carlyle o la prostitución de Borges) por consuetudinaria. Lo que le permite a Girauta, a renglón seguido, adornarse con la tilde que falta, ya sea con ironía surrealista (a lo Carlyle) o con ácido cinismo (a lo Borges).

Discutían los políticos de Podemos y Ciudadanos como siempre sobre cuál de ellos se parece más a Le Pen, pero, en la época de la posverdad, estos rifirrafes intelectuales no son tan anecdóticos como aparentan. Ya sea con la contundencia de María Solano, ya con la guasa literaturizada de Girauta, se hace necesario fustigar y reírse de las mentiras de uno o de otro, de quién las diga. Y, si de paso, mejoramos la ortografía, miel sobre hojuelas.

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