Como si no fuera suficiente y preocupante la gota fría, el inicio del curso tampoco ha podido ser más catastrófico. Y estoy hablando del político. Mira que no me suelo meter en estos jardines, pero quizá porque es lo único que considero puedo hacer y ya no solo patalear por mí sino también por todos aquellos que como yo se han quedado anonadados con este fracaso con el que no queda más remedio que suspenderlos. Lo malo es que, por desgracia, no repiten curso sino elecciones.

Pero oye, te pones a escucharlos, como ciudadanos civilizados que somos que antes de tomar una decisión nos informamos, y ninguno es capaz de reconocer su culpa, sino que se dedican a echar balones fuera para ver si arrancan unas milésimas de nuestra compasión y les dejamos el aprobado en las urnas.

Me parece preocupante que quienes dicen gobernarnos no hayan tenido forma alguna de ponerse de acuerdo. Y por eso merecen el suspenso, por no hacerse responsables de sus obligaciones, aunque sí pretenden que nosotros nos hagamos de las nuestras poniéndonos entre la espada y la pared cuando apelan a la importancia de nuestro voto. Importancia, ¿para qué? ¿para usarlo en beneficio de sus intereses partidistas? ¿para una vez depositada la papeleta en la urna olviden la inmensa mayoría de las promesas que hicieron en las costosas campañas y en los debates televisivos, costosos también? ¿para tener ahora bloqueados asuntos de primordial importancia para la ciudadanía? De acuerdo no se pondrán, pero lo que al ciudadano ya le queda cada vez más claro es que o esto se enmienda o aquí las cosas van a ir muy malamente.

La política debería tener que ver con el ordenamiento de la nación y todo esto que está sucediendo y a lo que diariamente asistimos es un puro desorden. Es una actividad humana, no deshumanizada; hay que hacer un sobreesfuerzo para poder empatizar con los que por un motivo u otro necesitan urgentemente un gobierno estable. Sirve para dirigir el Estado en beneficio de la sociedad tomando decisiones en grupo para la consecución de unos objetivos, sin embargo, cada vez queda más patente que los objetivos tienen nombres de siglas y no de personas.

Si Aristóteles levantase la cabeza… Él mismo decía: "De un Estado sano y moral surgen individuos también sanos y morales y todas las medidas políticas deberán estar orientadas hacia la paz".

Algo que a la ciudadanía en funciones le quita el sueño es otro innecesario derroche electoral.

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