SIEMPRE presumimos del enorme potencial del Puerto Bahía de Algeciras, motivo de orgullo para la comarca donde los haya, tanto por su proyección internacional, como por ser una importantísima fuente generadora de empleo y de actividad económica. Sin duda, el Puerto nos da mucho, no se puede negar, y debemos reconocerlo y agradecerlo.

Pero también es indudable el sacrificio que ha hecho la comarca en favor del Puerto. En lo medioambiental y urbanístico por las obligadas cesiones de espacios que a todos nos pertenecían, para que el mismo pudiera ganar las superficies necesarias para su expansión, y también en relación a nuestro propio prestigio, como si ser zona portuaria, con todo lo que ello conlleva y que ya conocemos, justificase el desmerecimiento generalizado de nuestro entorno, tanto por la degradación industrial, como por los ilícitos que se producen, siendo además frontera.

Mi opinión es que la balanza no pende a nuestro favor, sobre todo teniendo en cuenta el margen de beneficios que resulta de la actividad portuaria de la APBA, a favor del Estado. Queda la sensación en la comarca, que todos esos dividendos conseguidos, en parte a nuestros esfuerzos, luego se emplean en otras zonas del país, a las que llegan modernas redes de ferrocarriles, e inmejorables conexiones viarias y aeroportuarias. El sinsabor es mayor cuando recordamos que nuestra única línea ferroviaria fue construida por el afán del Sr. Henderson, y por la inversión privada inglesa, ya que aún esperamos el cumplimiento del Plan de Ferrocarriles de 1877 (y de tantas promesas posteriores de igual índole, hasta la actualidad..), que proyectaba la unión por vía férrea de Algeciras, con Cádiz y Málaga.

El ser motor industrial y de generación de empleo se debería complementar con otras políticas sociales y económicas en favor de la comarca. Con todo el agradecimiento, no podemos aceptar que las subvenciones que se conceden por la Comisión Puerto-comarca, a entidades benéficas y sociales, sean suficientes, ni muchísimo menos. Ni tampoco que las obras e inversiones que se proyectan, solo tengan como objetivo el mejorar las propias instalaciones portuarias y sus accesos.

Es hora de exigir más, y de pedir que el Puerto se vuelque con la comarca, y que se implique en sus necesidades y reivindicaciones. El protagonismo en todos los sentidos de la APBA, en la mejora de la vía férrea, ha de ser el ejemplo que nos demuestre que el Puerto nos quiere devolver todo lo que la comarca le da. Ojalá sea así y dentro de casi 200 años se rememore tal compromiso, como hoy se recuerda el del Sr. Henderson.

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