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Desde que mi admirado amigo Fernando Segú personificó, allá por 1969, la figura de adelantado de España en Gibraltar, una corta lista de sucesores, salpicada de curiosidades y sucesos pintorescos, ha despertado mi interés. En todos los casos, desde entonces, he recordado -musitando en silencio una corta y esperanzada oración- al bueno de San Bernardo Abad, que compuso la conocida frase, "oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María", integrada en La Salve. El monje francés -Bernardo procedía de la región de Borgoña, donde nació en 1090- profesó en el Cister, restauración de la regla benedictina que promovía el ascetismo o purificación espiritual mediante la negación de los placeres mundanos. Era tal su elocuencia que fue llamado Doctor Melifluo ("Mellifluous Doctor", doctor boca de miel). Devotísimo de Nuestra Señora, extendió la devoción mariana por los curtidos caminos de Europa.

Nunca, sin embargo y a mi saber, estuvo por estos pagos que Dios guarde. Pero hete aquí que la Divina Providencia debió de disponer que el viernes 20 de agosto de 1462 -día de San Bernardo- Gibraltar retornara a la Cristiandad. Ese mismo año, en febrero (el día 28; precisamente, más tarde, Día de Andalucía) nació en Madrid, Juana de Castilla, conocida como La Beltraneja, que sería por un tiempo Princesa de Asturias. Justo hasta que fuera proclamada heredera de la corona, su tía Isabel de Castilla, la reina católica que cerró España en Granada. Desde la reconquista de Gibraltar, la plaza y su Campo, quedarían bajo el patronazgo espiritual de San Bernardo. Dejen pues voceros y escribanos de referirse al santo doctor como patrono particular de algunas de nuestras plazas, pues lo es de todas y, a nivel comarcal, por encima de cualquier otro patronazgo.

Cuando empezábamos a hacernos a la identidad del embajador Agustín Núñez Martínez, que llegó hace menos de un año, a título de Delegado del Ministerio de Exteriores en el Campo de Gibraltar, se incorpora quien será su sucesor, el también embajador, Arturo Avello Díez del Corral. De un tiempo a esta parte no salimos ni siquiera a uno por año. Algo chocante si observamos lo que duró Esteban Bravo, que incluso se casó con una bella gibraltareña, como la de la canción, y se quedó para siempre -como haría un buen yanito- entre Gibraltar y la urbanización Sotogrande. No sé si es que el cargo pesa tanto ahora, que no se encuentran espaldas bastantes para soportarlo. alped

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