Crónicas Levantistas

Juan Manuel Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Rocío Ruiz, el balance necesario

Afirmar que el espectáculo de los enanitos toreros es tauromaquia es como llamar cetrería al degüello de los gansos colgados

Al Gobierno andaluz le viene bien Rocío Ruiz, la consejera de Igualdad. Aunque la onubense no tenga mucho futuro en Ciudadanos, o casi tanto como el mismo partido, Juanma Moreno debería contar con ella, aunque fuese como independiente. Centra a un Gobierno que lleva el sello del PP y se tiene que apoyar en Vox. Ruiz es un seguro contra las influencias de Vox, que sobre todo es un partido anti: antifeminista, antimigratorio, antiecologista, antiimpuestos; en defintiva, antiguo, pero con un relato nuevo, libertario.

El departamento de Ruiz ha impedido que se celebre en Baza un espectáculo que anuncia divertimento en el ruedo con enanitos toreros. No lo ha prohibido, sino que ha advertido al Ayuntamiento de Baza, que lo patrocinaba, que este espectáculo podía infringir un artículo de la ley que protege a las personas con discapacidad. De haberse celebrado, se habría abierto un expediente sancionador, de modo que la propia empresa ha dado por suspendido el evento. Lo que sostiene este artículo es lo mismo que defienden desde hace años el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad, y es que atenta contra la dignidad de quienes tienen acondroplasia. A todos, no sólo a quienes actúan de este modo en el ruedo, que posiblemente preferirían seguir ganándose la vida de este modo.

Las razones que algunas personas han mostrado en las redes para criticar a Rocío Ruiz y, por ende, al consejero Elías Bendodo por ser el responsable de los festejos taurinos en Andalucía, no hacen sino confirmar lo adecuado de la medida. La primera, defendida por El Cordobés, es que esto es un ataque a la tauromaquia. Sí, a la tauromaquia, que viene a ser como si la prohibición de tirar a una pava desde lo alto de un campabario o segarle el cuello a un ganso colgado de una cuerda fuera un atentado contra el noble arte de la cetrería. Otros se han acordado de los enanos de Velázquez, como si el pasado siempre fuese nostalgia, lo que no hace sino reafirmarme en que quienes acabarán con la fiesta de los toros serán los propios taurinos. Allá ellos, seguiré leyendo Juan Belmonte, matador de toros o admirando el trabajo del mayoral, aunque no vuelva a pisar una plaza.

A Rocío Ruiz la han comparado con la ministra Ione Belarra, que quiere modificar la ley para prohibir todo esto de los enanitos toreros y sus variantes. Ruiz es feminista, y se lo cree, habla sin tapujos de la violencia machista y del dolor de los niños inmigrantes. A todos los gobiernos le viene bien alguien que equilibre, que sea un freno contra los populismos de un lado y otro. Como Nadia Calviño en el de Pedro Sánchez.

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