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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Rivera: el iceberg era él

Rivera ha hecho todo lo posible para hundir un partido que despertó grandes expectativas

Sin otra causa que su ambiciosa torpeza, a Rivera le está pasando lo mismo que a Scott Carey, el protagonista de la película de Jack Arnold El increíble hombre menguante. Una nube radioactiva hace que el tamaño de Scott se vaya reduciendo hasta que solo mida unos centímetros. Su torpe ambición está reduciendo a Rivera -que en un primer momento parecía ocupar un interesante espacio estratégico a la derecha del PSOE y a la izquierda del PP- a las dimensiones de un Airgam Boy. Sánchez se ha hartado de refregarle el apoyo de Vox y de reírse de él -"el pánico hace milagros" ha dicho- tras su asombrosa conversión del no, bajo ningún aspecto y de ninguna manera al PSOE, al sí condicionado al 155.

Tal para cual, por otra parte: si Rivera, a la vista de las encuestas, le tiende ahora una mano al PSOE, Sánchez pide sin escrúpulos que "si los otros partidos no tienen una mayoría alternativa, al menos respeten el resultado electoral y dejen gobernar a la lista más votada"… Cuando en 2016 hasta dimitió para no tener que abstenerse en la elección de Rajoy, que encabezaba la lista más votada superando por más de dos millones y medio de votos y 52 escaños al PSOE.

El problema, para Rivera, es que Sánchez ha logrado que sus contradicciones sean olvidadas. Sufre una especie de cadena de reencarnaciones de las que no hereda la responsabilidad de lo que había dicho cuando era otro (Carmen Calvo: "El presidente del Gobierno nunca ha dicho que ha visto un delito de rebelión en Cataluña… A mí se me ha preguntado por el presidente y por entonces no era presidente"). Sánchez ha encontrado el personaje que le conviene y lo interpreta en un presente absoluto. Rivera en cambio ha perdido a su personaje y desde hace tiempo da la sensación de improvisar cambiando constantemente las frases de su guión. Sabe que no será presidente, que tampoco ha logrado el tantas veces intentado sorpasso del PP -y que por lo que tampoco podrá ser líder de la oposición pasando por encima de Casado- y que las encuestas le indican que podría perder más de la mitad de sus 57 escaños.

Hundimiento es la palabra más repetida por los encuestadores al referirse a Rivera y a Ciudadanos. Ha despilfarrado su patrimonio político y su imagen, haciendo todo lo posible para hundir un partido que despertó grandes expectativas. Y al parecer, lo ha logrado. Lo peor del asunto es que el iceberg de este Titanic era él.

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