Según la mitología griega, Procusto -hijo espurio de Poseidón- no llevó precisamente una vida edificante. Se dedicaba al pillaje en los montes boscosos del Ática y a tal efecto, tenía una posada en el trayecto entre Eleusis y Atenas donde los caminantes podían pernoctar y estar supuestamente a salvo de lobos, osos y bandidos. Procusto les ofrecía a sus huéspedes una cama de hierro y cuando estos confiadamente se disponían a descansar los ataba de pies y manos. Si la estatura del viajero era mayor que la longitud de la cama, el posadero cortaba la parte sobresaliente de su anatomía y si por el contrario el huésped era un retaco, Procusto le estiraba las extremidades hasta adaptarlas exactamente al tamaño del camastro. Aunque en la amplia saga mitológica de los griegos Procusto no pasa de ser un secundario dentro del numeroso grupo de malvados que la componen, no cabe duda de que debe ser el ídolo y modelo a imitar del actual gobierno de España y en especial de la Ministra de Educación en lo concerniente a la manera de entender como enseñar y preparar a las nuevas generaciones de españolitos. Nuestra clarividente ministra imagina el sistema educativo como una suerte de lecho de Procusto al que todos los alumnos se deben adaptar inflexiblemente con independencia de sus facultades y circunstancias. La principal virtud del sistema que propugna la ministra es la igualdad, un fin en principio loable si no fuese porque lo igualitario no se busca en la línea de salida del proceso formativo sino en la de meta. Para lograr su objetivo la nueva ley educativa pergeñada por una ministra que en vez del "bálsamo" invocó en el parlamento a un supuesto "arte de Fierabrás" (¡Ah, cuán ajeno le es "El Quijote" a la Sra. Ministra!), intenta acabar con los elementos esenciales de la instrucción pública. En la nueva escuela desaparecerán el esfuerzo, el afán de superación, la disciplina, el mérito y la exigencia, pasando el suspenso a ser algo irrelevante. La escuela ejercerá de facto de sofisticada guardería donde los padres aparcarán a sus hijos (ya sin pañales) hasta los 18 añitos. El lema de este nuevo método de enseñanza será: Nadie se queda atrás" por la sencilla razón de que nadie va hacia adelante como bien demuestran los diferentes rankings educativos. Por si fuese poco este fomento de la molicie y la dejadez entre los alumnos, la nueva ley prohíbe, en según que zonas, la enseñanza en castellano; persigue a la escuela concertada y pretende acabar con la educación especial. Los desmanes de Procusto acabaron cuando, en su camino a Atenas, llegó a su posada Teseo (el del Minotauro) que retó al descomunal hospedero a comprobar si su propio cuerpo encajaba en la cama. Una vez tumbado lo "ajustó" como él hacía con los viajeros cortándole a hachazos los pies y la cabeza. Quizá enseñantes y educandos añoren a un moderno Teseo capaz de retirar de la escena política a estos fervientes incondicionales del método de Procusto.

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