Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Política tóxica

Lo que no puede ocurrir es que los políticos añadan más incertidumbre que la pandemia del coronavirus

Sólo ahora, después de algo más de dos décadas dedicadas a la crónica política, he comprendido el significado profundo de esa máxima que sostiene que la democracia es el menos malo de los sistemas. No se trata de un elogio, es que es malo, es que se deteriora y se vuelve incapaz de articular soluciones al conflicto de los distintos intereses de una sociedad. Aristóteles ya advirtió del riesgo de derivar en la demagogia, pero hay otro, el de anteponer el cálculo electoral y, por tanto, la destrucción del contrario a todo lo demás. Es lo que no está ocurriendo ahora, que los políticos están añadiendo más incertidumbres que la pandemia, que son más tóxicos que el propio coronavirus.

España tiene un Congreso que no se merece. Ninguno de los partidos está representando a sus votantes. Ni mucho menos al conjunto de los españoles, están en la guerra balcánica y los 20.000 muertos no son argumentos porque cada sigla se los apropia para sus argumentos.

Comencemos. La oferta de pactos de Pedro Sánchez no ha sido sincera. Nadie que quiere acordar un presupuesto de reconstrucción trata de ese modo a los líderes del PP y de Ciudadanos, no es sólo la agresividad de Adriana Lastra contra sus supuestos aliados, sino el desprecio del presidente del Gobierno por Casado. Dos llamadas de teléfono. Es cierto, es un pacto de lentejas, un win win malicioso: si llego a un acuerdo, bien, y si lo rechazan, mejor, porque así se retratan.

El PP, por su parte, es un gran quilombo, Pablo Casado no es líder, no ejerce de tal, y tiene que balancearse por su inseguridad entre su pragmatismo natural y la inquina de FAES. ¿Por qué nos gritan tanto Cayetana Álvarez de Toledo y el portavoz Montesinos? Es el PP que sólo es partido de Estado cuando gobierna.

Vox y Unidas Podemos son desgraciadas expresiones de la crisis política derivada de la Gran Recesión. Los de Iglesias son unos neocomunistas cuya visión de la economía es la que tuvieron los marxistas de principios del siglo XX. Sienten nostalgia de tiempos que no vivieron, unos románticos, que es lo más peligroso que se puede ser en política. Vox no es de extrema derecha, vale, es un partido esotérico, sin ningún tipo de sustento en la razón, una charlatanería que en las últimas semanas se ha vuelto muy agresiva. Calumniadores. Y al resto, ya lo sabemos, España le importa un comino.

Sí, la pandemia pasará, pero esta otra maldición llevará mucho tiempo.

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