Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Pedro es Pedro

Sánchez le ha colocado a Iglesias una banderilla en forma de nueva vicepresidenta, para templarlo

Parar, templar y mandar. Pedro Sánchez fue elegido el martes y, con un quiebro belmonteño, le enseñó a Pablo Iglesias quién es el presidente del Gobierno. Primero, retrasó los nombramientos de los ministros y detuvo el chorreo de cargos de Unidas Podemos, que estaban anunciando hasta los nombres de los jefes de gabinete; segundo, coloca a Pablo Iglesias una cuarta vicepresidencia, en modo Teresa Ribera, como si fuese una banderilla, para calmarlo. Y tercero, deja para este domingo la comunicación del Gobierno al Rey, para visualizar durante todo el fin de semana que es él quien pone y quita ministros. Incluido los cinco de Unidas Podemos.

Puede que su manual de resistencia no pase a la historia de la literatura política de este país, pero el libro define con precisión quién es Pedro Sánchez, un político tan duro como correoso que, sin embargo, aún tiene pendiente mostrarnos qué tal es como gobernante. Unidas Podemos ha recibido su lección número uno de primero de Gobierno.

Claro que Pablo Iglesias no es Alberto Garzón, cuyas tragaderas son infinitas, tantas que se hará cargo de un ministerio de escasas competencias pero con silla en el Consejo de Ministros. El líder podemita es tan soberbio como Pedro, y se la devolverá, tarde o temprano responderá a la afrenta de Sánchez, porque en su interior Pablo Iglesias cree que Sánchez le debe sus dos presidencias, la de la moción de censura y esta última. Y no está equivocado del todo.

El nuevo Gobierno, en cuanto a coalición, no comienza bien, estas banderillas no son buenas para generar confianza entre los aliados. Iglesias no es un vicepresidente más, por mucho que Sánchez lo haya querido colocar en una melé de ministras, el de Unidas Podemos es el líder de uno de los dos partidos coaligados, él está en otra dimensión del Consejo de Ministros, de él también depende la legislatura.

Y si interesante ha sido este ejercicio de sanchismo, aún nos resta por ver cómo lidiará Sánchez con el verdadero miura de la legislatura, que son los independentistas catalanes. Hay expectación por saber si el presidente del Gobierno los terminará engañando, a quién le colocará la primera banderilla y quién se llevará el estoque de muerte. Torra es el primer candidato a caer ante las tablas -se lo merece- y será entonces cuándo veamos el cara a cara entre el torero y el toro, porque a Oriol Junqueras no le ha ganado nadie en el arte del engaño. Hasta ahora.

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