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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Pedro Sánchez, cuñado gorrón

Con el apoyo expreso del 21% del censo electoral pretende que PP, Cs y Podemos lo lleven al poder sin contrapartidas

último trampantojo erigido por Pedro Sánchez en el escaparate de la política española (inmediatamente después de la nueva resurrección de Franco vía Pazo de Meirás): la culpa del retraso de su investidura es del artículo 99 de la Constitución, ese que ha permitido investir a seis presidentes de Gobierno antes que él. De modo que la solución al bloqueo actual es reformar la Constitución para que pueda gobernar la lista más votada. De dónde saldrán los 210 diputados necesarios para esa reforma constitucional debe considerarlo una minucia.

Este tipo de ocurrencias trata de ocultar, inútilmente, que Pedro no se ha trabajado la investidura que le encargó el Rey, sino que espera que se la traigan ya preparada a casa. Se está haciendo un Rajoy con todos sus avíos. Es como un cuñado desahogado y gorrón (el hallazgo es de Zarzalejos) que espera pleitesía y regalos sin ofrecer nada a cambio. Porque él lo vale, porque tiene 123 escaños de 350 y obtuvo menos del 29% de los votos en unas elecciones con un 25% de abstencionistas.

Instalado en el 21,7% del censo electoral que lo votó, lleva casi tres meses de presidente en funciones y un año gobernando sin mayoría con el permiso de los independentistas, hasta que ellos quisieron. Le pide al PP que se abstenga por el bien del país el creador del No es No que prefirió entregar su acta de diputado antes que dejar pasar a Rajoy en una situación semejante a la que él padece hoy. Le exige la abstención a Ciudadanos para no verse obligado a pactar con los secesionistas, pero advirtiendo que piensa gobernar desde la izquierda y sin siquiera el amago de oferta de un programa común de legislatura que al menos ponga en dificultades para explicarse al terco Rivera. Maltrata y ningunea a Podemos chantajeándolo con una repetición letal -para Iglesias- de las elecciones si no se aviene a entregarle sus 42 votos a cambio de unos cuantos cargos menores o unas carteras insustanciales para ministros presuntamente simpatizantes de la causa podemita pero designados por el propio Sánchez.

Por lo demás, la insistencia en que lo dejen gobernar como sea difumina, si es que no esconde, la idea fundamental de que lo importante no es la investidura, sino la estabilidad del gobierno que forme el investido. Si nos lleva a nuevas elecciones no habrá un Gobierno en condiciones al menos hasta enero de 2020, y España está gestionada con unos presupuestos prorrogados de 2017. ¿Eso es estabilidad?

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