Calle Gloria

Orgullosos de Algeciras

Algeciras acogió a todos aquellos que vinieron, ytodos nos convertimos en especiales sin distinción

Mi respetado Profesor Yborra nos regaló el pasado viernes un artículo que debía convertirse en obligada lectura, en las escuelas de nuestra ciudad. El secreto de la fortaleza de Algeciras para renacer de sus cenizas a lo largo de la historia, y que marca su forma de ser, no proviene de inmovilistas y ancestrales tradiciones centenarias, sino más al contrario del dinamismo que le dieron a la ciudad aquellos que vinieron. Y los nuevos algecireños fueron muchos en porcentaje de los que hoy habitamos la ciudad.

Ya Don Víctor Cano, en un curso de cuarto de EGB de los Salesianos de Algeciras, nos preguntó quiénes de aquella pobladísima clase que no conocía de ratios tenía los cuatro abuelos oriundos de Algeciras, pudiendo levantar la mano solo un par entre más de cuarenta.

Todos éramos hijos o nietos de foráneos. Había abuelos de Ceuta y del Marruecos Español, del Valle del Genal y de Ronda, de la Bahía de Cádiz, de su Sierra, o de La Janda, de Gibraltar, de cualquier provincia andaluza, o de zonas más frías de España. Algeciras acogió a todos aquellos que vinieron, y todos nos convertimos en especiales sin distinción, a la vez que todos forjábamos la nueva ciudad. Aquí no hay sitio para endogamias ni purezas genetico-químicas.

El citado artículo así lo cuenta, en particular en el caso de tantas familias levantinas que llegaron a nuestra ciudad, la mayoría por las posibilidades que ofrecía aquella pujanza pesquera que vivió nuestro puerto. No voy a repetir lo ya relatado de manera tan magistral. Ni podría.

Pero sí me quedo con el amor y la puesta en valor de Algeciras que se encierra en el artículo, y que debía de empezar a hacerse principio y valor fundamental del algecireño, arraigado cual marca genética, y digno de la defensa que todos hemos de hacer de esta maravillosa ciudad. Con sus características propias y también sus ausencias y defectos, que no la hacen una ciudad peor que otras, sino única y distinta. Siempre abierta y cosmopolita.

Sin duda más dinámica y viva, más participativa y luchadora, y que sabe hacer frente a cuantas dificultades nos imponen casi siempre desde fuera, en todos los aspectos de esta vida; desde la sanidad, a las infraestructuras y comunicaciones, al propio prestigio y buen nombre como ciudad. Una ciudad trabajadora y talentosa, creadora de una prosperidad propia, portuaria e industrial, de la nada, y en el tiempo de pocas generaciones, ejemplo éste poco usual en nuestro país. ¿O es que tienen más mérito aquellas ciudades que ya lo tenían todo por tradición histórica?

Sintámonos orgullosos de ser algecireños, porque es para estarlo.

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