En tránsito

'Non sequitur'

La igualdad entre hombres y mujeres no existía hasta que han llegado estos senadores providenciales

Joan Laporta, que ha sido diputado independentista en el Parlament catalán, ha ganado las elecciones del Barça. Este hecho supone uno de esos portentosos non sequitur, o razonamientos inconsecuentes -o aberraciones lógicas-, que pueblan nuestra vida política y social sin que nadie parezca sorprenderse. Veamos. Si Joan Laporta aplicase la lógica de sus vehementes razonamientos y Catalunya -Dios lo quiera- llega a ser un país soberano e independiente, la liga catalana consistirá en apasionantes partidos del Barça contra el Girona, el Sabadell, el Lleida, el Cornellà, el Hospitalet, el Nàstic de Tarragona o el Palamós. Y el Espanyol, por supuesto. ¿Querrá jugar Messi una deslumbrante final de la Copa de la República Catalana contra -qué sé yo- el Nàstic de Tarragona? Convengamos en que la perspectiva no parece especialmente seductora. Pero aun así, nuestro buen Laporta -hombre sin duda inteligente, coherente, persuasivo- se ha proclamado vencedor en las elecciones por una mayoría abrumadora. Si sigue fiel a sus ideas, nuestro hombre hará todo lo posible para sacar al Barça -y a los demás equipos catalanes- de la Liga Española. Y en este punto, la FIFA se muestra inflexible: si una federación abandona la federación matriz, tendrá que jugar con los equipos de su propia federación. Por lo tanto, adiós a la Liga Española, adiós al clásico con el Real Madrid y adiós a los partidos con el Sevilla o con el Athletic que hasta ahora -antes de la pandemia- llenaban los estadios. Messi tiene que estar entusiasmado con la idea.

Pero así vivimos. Irene Montero, otra abonada a los non sequitur -sobre todo legales-, proclama con una especie de éxtasis emocional -muy parecido al que experimentaban los místicos al alcanzar la via unitiva- que en la legislación española no existe el consentimiento en una relación sexual y que por tanto hay que imponerlo urgentemente en una nueva ley. Y todos tan panchos. Y en el Senado, los senadores -personas que ganan fortunas en estos tiempos de penurias- se aplauden a sí mismos por haber aprobado una proposición que establece la igualdad efectiva entre hombres y mujeres, cosa que por lo visto no existía en nuestro país hasta que han llegado estos personajes providenciales a sacarnos de las tinieblas de la Edad Media. Y así va todo. Y así seguirá yendo. Aleluya.

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