En 1948, el escritor británico George Orwell entendió con sorprendente clarividencia, el crucial papel que jugaría el lenguaje como herramienta fundamental para alienar y subyugar a los pueblos. En su famosa novela "1984", Orwell describe un mundo distópico donde la libertad, la intimidad y el espíritu crítico han sido anulados. Todos los ciudadanos deben someterse a los ideales del "Partido Único" que, liderado por el omnipresente Gran Hermano, les gobierna. Uno de los pilares básicos del régimen totalitario de dicho Partido es la implantación de la "neolengua", un modelo de lenguaje en el que se eliminan todas las palabras que puedan servir a los ciudadanos para pensar de una manera que no conviene al partido; se recurre a eufemismos para camuflar la realidad (el Ministerio del Amor se ocupa de administrar los castigos y la tortura o el Ministerio de la Verdad de ocultar y manipular la información) y se crea una determinada visión del mundo donde no cabe la libertad de pensamiento.

La premonición de Orwell pasó de la ficción a lo real tal como vemos en la intención de obligarnos a usar el "lenguaje políticamente correcto" un ejemplo claro de lo que puede considerarse una neolengua en el mundo actual. El ayuntamiento de Barcelona acaba de editar una "Guía de Comunicación Inclusiva con la clara finalidad de manipular -al más puro estilo orwelliano- el pensamiento de sus "parroquianos" a los que "anima a construir un mundo más igualitario a través del lenguaje". Así los munícipes catalanes pretenden que los (in)migrantes ilegales sean, a partir de ahora, "personas en situación (administrativa) irregular"; que los negros dejen de ser "personas de color" para transformarse en "personas afrodescendientes" y, bajo ningún concepto admiten el uso del término "negrito" ya que el diminutivo implica infantilización y menosprecio (me pregunto cómo cantará esta gente el famoso "Duerme, duerme negrito" de Víctor Jara). Se consideran lenguaje excluyente frases como "comprar en el chino" (quizá mejor: "comprar en la tienda de esas personas amarillas que venden toda clase de artículos… tan baratos como malos") y abominan de expresiones homófobas como: "qué te den por culo" o "esto es una mariconada" que pretender sustituir por las al parecer menos afrentosas de: "vete a freír espárragos" y "esto es una tontería".

En la misma línea el "cambio de sexo" pasará a ser una "operación de afirmación de género" y el "defecto de nacimiento" a denominarse "discapacidad congénita" y aquel que está recluido en un psiquiátrico pasa a ser una "persona usuaria de centros de salud mental" o "persona en proceso de recuperación". Esta obscena manera de retorcerle el cuello al idioma con cambios forzados y autoritarios responde a intereses ideológicos que no son prioritarios -en demasiadas ocasiones ni siquiera deseados- para la mayor parte de la sociedad.

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