Por montera

Meat Loaf

Dentro de ese LP, de un tal Meat Loaf, me aguardaban los temas que más excitaban mis pasiones emocionales

He heredado la música de una generación adelantada a través de las filtraciones musicales que se escapaban bajo la rendija de la puerta de la habitación de mi hermano mayor. Se encerraba en su cuarto durante interminables horas donde se hospedaban, con privilegios VIP, dos tocadiscos, agujas con punta de diamante, baffles y amplificadores. Mi hermano sólo utilizaba los auriculares si la mamá se lo exigía, abriendo las ventanas al hard-rock por todo el vecindario. Mientras yo tendría que estar escuchando a Los Pecos, él me hacía profundas inmersiones en álbumes de vinilo cuyas carátulas me descubrían la fascinante música e historia de cada uno de sus artistas de cabecera. Especial impresión me llevóa ver una en la que aparecían dos mujeres con un tocado con redecilla negra de lunares cubriendo su rostro. Mi hermano me invitaba a que buscara algo intrigante en esos bellos rostros: "Tienen la cara llena de verrugas", me descubría. Era la portada de EVE, The Alan Parsons Projetc. Semejantes inoculaciones se volvieron en contra de su escrupulosidad, ya que me obligaban a entrar en su habitación a hurtadillas sin que, al abandonarla, jamás sospechara que yo le había tocado ni un solo Vu Meter. Me hipnotizaba una portada de color rojo donde una gigantesca moto con el esqueleto de la cabeza de un caballo, cabalgada por un formidable y musculoso hombre con larga cabellera rubia, salía disparada de las entrañas de un cementerio penetrando el mismísimo rojo infierno. Dentro de ese LP, de un tal Meat Loaf ,me aguardaban los temas que más excitaban mis pasiones emocionales al verlo tan gordo, sudoroso, agitando violentamente su larga melena empapada, su pañuelo rojo amarrado a su micrófono, y esa voz capaz de fundir los fusibles. But out of Hell hacía que me saltaran todos los criterios del rock, porque a mí no me sonaba al ruido que molestaba a mi madre, a mí ese rock me sonaba a balada, a gloria. Su Paradise by the dashboard Light se convirtió en mi himno. Esa debilidad se convierte en la ruina de mi querido amigo Juan Carlos, del PIGOR, porque cada vez que le pedía que me pusiera a Meat Loaf, su pub se vaciaba porque pocos soportan 8'28 del rock de Meat loaf. Esta divinidad musical la cantamos mi hermano y yo emulando la excesiva teatralización de ese canto a la pasión entre dos adolescentes dentro de un coche. Terminábamos exhaustos. Hoy, necesito volver a representarla en memoria del cantante de rock más importante de la historia que, incomprensiblemente, nunca llegó a entrar en la lista de la fama del rock: Meat Loaf.

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