EUROPA SUR En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Tengo para mí que dentro de unos años, el que viva podrá decir, como uno de los protagonistas de Blade Runner: Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto a los perros, sacando a pasear a sus amos y las chaquetas aburriéndose en los roperos. Después de escuchar largo tiempo a Donald Trump dando la brasa, porque quería construir un muro en la frontera de México, ahora resulta que en el estado de Sonora, concretamente en el paso de Nogales, los mejicanos bloquean, con una manifestación el paso de los estadounidenses a su país, por temor al contagio. Después de criticar a los musulmanes, por degollar animalitos en plena calle, ahora escuchamos a los ganaderos decir que esperan como agua de mayo la "Fiesta del Cordero", para salvar los muebles. En un mapa comparativo de la contaminación por CO2, en España entre marzo de 2019 y 2020, observo que el pequeño foco coloreado de la Bahía de Algeciras, ya no está, al bajar drásticamente la circulación de automóviles. Asimismo, la contaminación ha bajado un 68% en Madrid y un 65% en Barcelona. A lo mejor por eso, hemos perdido de vista en televisión a la niña Greta, desaparecida desde que comenzó el follón.

El Salmo 117, profetizaba: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es justamente lo que ha pasado con los Médicos y demás Personal Sanitario. Hace tan sólo un par de meses, los Colegios de Médicos pedían a la autoridades y a la ciudadanía que por favor no les agredieran y ahora, con unos sueldos impropios, se juegan la vida por los que les pegaban, enfundados en bolsas de basura y mascarillas caseras. Cuantos miserables se están aprovechando, de lo más noble que tiene el ser humano, la vocación de ayudar a los demás, incondicionalmente. Lo mismo puede decirse del personal de Investigación. Después de ser olvidados en los presupuestos, año tras año, ahora se anhelan tratamientos y vacunas en el menor tiempo posible. Ya no hay colas en el Centro de Salud y se ha reducido el consumo de alcohol entres los jóvenes, por la ausencia del botellón. Las campanas de las iglesias siguen sonando para la misa de nadie. Nuestros metros de medir, de repente, se han quedado obsoletos. Pienso con Haruki Murakami: Una vez que la tormenta termine, no recordarás como lo lograste, como sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha acabado realmente. Pero una cosa si es segura. Cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella.

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