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Lacayos

La comprensión de las razones del tirano no revela otra cosa que nostalgia de la servidumbre

Como todo el mundo sabe, la URSS se hundió sola y bastaron las primeras señales del colapso para que las naciones sometidas a su dominio vieran la oportunidad de recuperar la soberanía, arrebatada cuando las tropas del Ejército Rojo liberaron los países del Este y permanecieron en ellos como nuevos ocupantes. Varias de las repúblicaspopulares se resistieron en algún momento a esa tutela impuesta, especialmente Hungría y Checoslovaquia y en menor medida la Alemania Oriental o Polonia, y la respuesta de Moscú fue enviar contingentes militares que reprimieron las revueltas, depuraron a los dirigentes que aspiraban a una mayor autonomía -o a construir el llamado "socialismo de rostro humano", reveladora divisa de la Primavera de Praga- y estrecharon el asfixiante control que mantenían sobre los regímenes satélites, vinculados a los señores del Kremlin en una relación de absoluto vasallaje. No extraña por ello que cuando por fin lograron desprenderse del yugo soviético, después de décadas de opresión, decidieran alejarse de la Federación Rusa, cuyos dirigentes no han dejado de dolerse por la pérdida del Imperio. Elegidos democráticamente, al contrario que los anteriores, los gobiernos de los países del antiguo bloque del Este resolvieron integrarse en la Unión Europea y esto, una decisión libre y sujeta a derecho, es lo que los amigos del invasor de Ucrania juzgan una provocación intolerable. Lleva uno media vida hablando mal de la OTAN, pero tampoco somos tontos, y por eso no podemos aceptar los argumentos de quienes sostienen que la culpa de que los rusos bombardeen el territorio de un país soberano la tiene Occidente, los malvados Estados Unidos y sus lacayos europeos. Los sermoneadores de costumbre nos dicen que somos hipócritas al poner el foco en una guerra y olvidarnos de las otras, por solidarizarnos con los refugiados ucranianos y no con los procedentes de otras regiones, por censurar esta invasión y pasar por alto atropellos similares con otros actores o en otras partes del mundo. Cualquier infame satrapía les parece a nuestros neutrales, tan condescendientes con todo tipo de dictaduras, más respetable que la comunidad europea, de donde parten las más claras condenas a quienes conculcan los derechos humanos en cualquier lugar del planeta. Con todas sus insuficiencias, es nuestra "corrompida civilización occidental" la que permite un grado de autocrítica impensable en la misma Rusia. Y es nuestra imperfecta democracia la que acoge sin reprimirlas sus propias voces discrepantes. Enmascarada de apelaciones al pacifismo, la comprensión de las razones del tirano no revela otra cosa que nostalgia de la servidumbre.

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