Jueves de feria

Echo de menos las madrugadas de sopa de ajos y churros con chocolate, y el ambiente andaluz de la feria

Nuestras ferias, las de toda la comarca, las que lo son de los municipios y las que atañen a los numerosos asentamientos urbanos de que disfrutamos, son muchas y han evolucionado afectadas por la dichosa globalización y la evolución de nuestras sociedades. En el Carnaval se ha alcanzado tal diversidad, que el vigoroso ingenio imperante se inventó lo de las "adas" acudiendo a algún producto, las ortigas o lo que se les ocurriera a sus actores, para calificar las diferentes convocatorias. No han sabido, empero, situarlas en fecha, influidos por el poderoso imperio del Carnaval de Cádiz cuyo protagonismo no sólo es imbatible sino inevitable y empuja a los de por aquí a meter su carnaval en la Cuaresma, desfigurando completamente su sentido. Las ferias o veladas son de donde son, no necesitan afiliarse a un producto y adoptan el nombre del lugar. Pero cada uno de nosotros tiene la imagen de aquel en el que ha crecido o al que se ha incorporado de niño o de adolescente.

Las conozco todas y en todas me he sentido divinamente, pero es en la de mi pueblo natal, la de Algeciras, que estaría siendo ahora, si no fuera por ese maléfico virus que se ha infiltrado en nuestras vidas, en la que estoy pensando cuando hablo de feria. En mi adolescencia, la de La Línea pintaba mucho; los linenses siempre han sabido apreciar lo suyo mejor que otros y divertirse con todos. Además, para la gente joven es en unas fechas alejadas de los exámenes de septiembre y no muy lejos de la calma que proporciona haber pasado los de junio. Algeciras, La Línea y San Roque, cuya feria tanto he frecuentado en los últimos años, han colocado sus ferias en ese verano fuerte que desde mediados de junio hasta final de agosto nos dificulta disfrutar del día. Sin embargo la noche, contra todo pronóstico, ha perdido cantidad. Hoy es frecuente ver las casetas vacías al caer el Sol. En cambio, en el último tercio del pasado siglo, era un espectáculo contemplar de madrugada, las calles del ferial y las casetas abarrotadas de gente.

Yo echo de menos las madrugadas de sopa de ajos y churros con chocolate, pero sobre todo no me noto en el ambiente que espera encontrar un andaluz en sus ferias. Ya en los últimos años del siglo, que sucedieron a las décadas prodigiosas de los setenta, ochenta y noventa, tras la instalación en 1969 de "Loz der pueblo", empezaron otras maneras de entender este gran espectáculo social que son nuestras ferias.

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