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Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Javier de Burgos

El nacionalismo romántico prefiere las comarcas, las veguerías e, incluso, los valles a las jacobinas provincias

La provincia ejerce el mismo efecto sobre los nacionalistas que el ajo en los vampiros. Al mando único y al estado de alarma -tan efectivos recentralizadores como un 155-, el Gobierno ha sumado la provincialización del país. El Ministerio de Sanidad, que era un departamento carcasa, ha dejado sin contenidos a los gobiernos autonómicos; sus presidentes son poco más que gobernadores civiles. Madrid legisla, las comunidades ejecutan.

El lehendakari y el presidente de la Generalitat ya se temían esto desde hace varias semanas, y la resistencia de Pedro Sánchez a establecer una comunicación colaborativa con las comunidades ha acabado por llevar al PNV y a ERC a amenazar con no prorrogar el estado de alarma. El presidente necesitará al PP y a Ciudadanos.

Los presidentes autonómicos del PP protestan, pero con la boca pequeña: han asumido esta anómala situación porque les han quitado un terrible peso de encima.

La oposición a la desescalada por provincias es ideológica. Sólo hay un modo alternativo, que sería la de los distritos sanitarios, pero la mayor parte de ellos carece de grandes hospitales y, por tanto, no pueden mostrar su capacidad para reaccionar ante nuevos brotes. Además, convertiría a España en una colcha de patchwork, donde sería muy complicado controlar la movilidad. La conclusión de estas semanas es que los instrumentos más efectivos para doblegar la pandemia han sido el confinamiento y la reducción extrema de la movilidad entre poblaciones.

Sé que a los nacionalistas románticos les gustaría más dividir sus comunidades en veguerías y comarcas, incluso, en valles, que es la zonificación original de la especie humana. Pero no va a poder ser, es la venganza de ese granadino llamado Javier de Burgos, que en siglo XVIII deshizo la división por antiguos reinos y diseñó un mapa provincial bastante jacobino que aún subsiste por debajo de la España autonómica. En el caso andaluz, hay identidades provinciales tan fuertes como la andaluza.

Pero eso es un asunto ideológico, hay que desescalar por zonas, y la provincia es un buen criterio, siempre -eso sí- que el Gobierno atienda a ciertas singularidades. Por poner un ejemplo: quizás las comarcas interiores de la provincia de Málaga deberían ir un paso por delante de la gran área de la Costa del Sol. Pero poco más, por mucho que todos llevemos dentro a un Javier de Burgos, como a un entrenador o a un epidemiólogo.

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