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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Incendio en Europa

Estamos asistiendo a la ruptura de la idea de una Europa unida tras el desastre de las guerras del siglo XX

Sería difícil, imposible más bien, encontrar algo que transmita con más fuerza la esencia, la historia y los valores de la vieja Europa que una catedral gótica. Sería difícil, imposible más bien, encontrar una ciudad que represente mejor que París todo lo que este continente ha sido capaz de construir en siglos de progreso, asentado sobre la civilización grecorromana y conformado por el cristianismo. París ha sido la capital social y cultural de Europa y también donde se ha ido forjando su historia, con el giro copernicano que representó la Revolución de 1789 y la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano. Por eso las imágenes del Lunes Santo con Notre Dame ardiendo por los cuatro costados y su aguja derrumbándose entre nubes de humo tienen una carga simbólica que no ha dejado indiferente a nadie.

Notre Dame ardiendo como una tea cuando Europa está dejando de ser el centro del mundo desarrollado y ve cómo el centro de gravedad de la Historia se está desplazando hacia el Este. Y cuando asistimos a una ruptura traumática del principio de unidad que había impulsado el desarrollo económico y social después del desastre de las dos grandes guerras de la primera mitad del siglo XX. Europa se nos está yendo de las manos por el egoísmo suicida del Brexit y por el auge de los populismos que nos está volviendo a encerrar en las fronteras que nos desgarraron durante siglos.

Pero sobre todo Europa, como ideal de civilización, se nos está yendo de las manos porque en la última década hemos roto el contrato social en el que basaba su impulso. Era un modelo basado en el progreso, en una mejora continuada de la salud pública, de la educación y en general de las condiciones de vida, que sabía compaginar los intereses individuales con los colectivos. Gracias ello se alumbró el Estado del bienestar y se construyeron las instituciones europeas que ha representado durante más de medio siglo una de las etapas más fructífera de la historia de la humanidad. Un modelo de éxito hoy en entredicho.

Las llamas en Notre Dame son un símbolo de por dónde va ahora el Viejo Continente. Pero la catedral gótica se ha salvado, su estructura permanece en pie y la reconstrucción va a ser una realidad. Las estructuras de Europa están dañadas pero no derribadas. La crisis por la que pasa la idea de la unidad que representa hoy la UE es todavía reversible si nos damos cuenta de que el camino que hemos emprendido no nos lleva a ningún lugar mejor.

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