Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Guapos y guapas

Isabel Díaz Ayuso es una creación del ala más derechista del PP que se agrupa en torno a Aznar

Tengo leído por ahí que, en los tiempos en que Albert Rivera lanzaba a Ciudadanos como una marca nacional destinada a hacerse con una cuota del electorado moderado, la falta de cuadros y candidatos llevó al partido, de la mano del entonces muy desconocido Fran Hervías, a hacer castings para llenar sus listas electorales. En esos procesos de selección se valoraban las actitudes políticas de los aspirantes, pero también sus cualidades físicas y su telegenia. De ahí que muchos se sorprendieran de que la nueva formación que comparecía en la política nacional tuviera un porcentaje de guapos y guapas muy por encima de la media de las restantes fuerzas y de la población en general. Luego pasó lo que pasó y hoy muchos de los que entonces entraron en política como el que entra en el reparto de una serie están hoy huidos o buscando acomodo en las casas de los vecinos.

Esto de los políticos de diseño, en los que es más importante cómo cuentan las cosas que las cosas que cuentan, es una epidemia que en mayor o menor medida se ha extendido a la mayoría de los partidos, aunque los hoy agonizantes naranjas demostraron especial maestría. Así les ha ido.

De todas las creaciones de política de laboratorio que han saltado a la escena en los últimos años la que más llama la atención ahora, por muy justificados motivos, es la que ha hecho el PP con Isabel Díaz Ayuso, que si los madrileños no lo remedian revalidará dentro de un mes su cargo de presidenta de la comunidad autónoma con más peso económico y social de España y se convertirá en seria aspirante a disputar el trono nacional de su partido. La joven Díaz Ayuso es una creación del ala más derechista de su partido que se agrupa en torno al ex presidente Aznar. De hecho, su mentor, bajo la figura de jefe de gabinete, es Miguel Ángel Rodríguez, el muy cualificado estratega y experto en comunicación política que llevó a Aznar a la Moncloa y logró dotarlo de cierto carisma -asómbrense las jóvenes generaciones- con frases como "Váyase señor González" o, más tarde, "España va bien". Eran otros tiempos en los que el arriba firmante tuvo oportunidad, por su dedicación profesional, de conocer de primera mano los tejes, los manejes y la falta de escrúpulos de Rodríguez, por lo que no le cuesta ahora imaginarlo como el ventrílocuo que hace que el personaje de la presidenta madrileña hable y se mueva. Lo malo, o lo bueno, es que este tipo de creaciones suelen tener recorridos más bien cortos, por afortunado que haya sido el casting y bien montado que esté el espectáculo.

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