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Campo Chico

Alberto Pérez de Vargas

Gallito y el luto de La Macarena

Ayer se cumplía un siglo desde aquella tarde talaverana que vistió de luto a La Macarena

El cadáver de Joselito el Gallo, visto a través de la ventana de la enfermería de la plaza de toros de Talavera de la Reina. El cadáver de Joselito el Gallo, visto a través de la ventana de la enfermería de la plaza de toros de Talavera de la Reina.

El cadáver de Joselito el Gallo, visto a través de la ventana de la enfermería de la plaza de toros de Talavera de la Reina. / Archivo

Las fechas evocan esas tardes de toros, generalmente soleadas y con muy buenos llenos, de San Isidro; la feria taurina más importante del mundo. A lo largo de una treintena y más de festejos, la gran mayoría de actores de la Tauromaquia española y muchas figuras del arte de torear procedentes de otros lugares, hacen el paseíllo en la Monumental de Las Ventas.

Durante la feria, cada día 16 de mayo, las cuadrillas se detienen bajo la presidencia, al terminar el paseíllo, y la plaza entera guarda silencio un instante, recordando respetuosamente el día en que el toro Bailaor mató de una cornada en el bajo vientre, a José Gómez Ortega “Gallito”, o Joselito el Gallo, como es universalmente aludido. Cuando en la Real Maestranza de Sevilla hay festejo ese día de mayo, la banda no abre como es habitual, el paseíllo, con el pasodoble Maestranza sino que lo hace con Gallito; constituido de hecho en un auténtico himno de este singular universo que recogemos abovedado en lo que llamamos Tauromaquia.

Los virus se habían incorporado y se confundían con los especímenes del género humano

Gallito, sin embargo, no fue compuesto para Joselito sino para un hermano suyo, Fernando, Gallito Chico, dos años menor que el primogénito Rafael (Madrid, 1882) y once años mayor que Joselito. Lo escribió el músico riojano Santiago Lope Gonzalo, nacido en Ezcaray en 1871, que se convirtió por méritos propios en director de la Banda Municipal de Valencia, en 1903, a poco de llegar a la ciudad para dirigir la orquesta del Teatro Ruzafa. El famosísimo Gallito lo compuso el maestro Santiago Lope por encargo de la Asociación de la Prensa Valenciana, junto a otros tres; los cuatro dedicados, respectivamente, a Angelillo, Dauder, Vito y Gallito, tres novilleros y un torero, Fernando, que aunque tomó la alternativa en México (1909), jamás la confirmaría, renunciando a su doctorado y colocándose como (excelente) banderillero en las cuadrillas de sus hermanos. Los pasodobles fueron estrenados en el festival organizado en Valencia por la asociación, el día 29 de junio de 1904; Joselito tenía, por lo tanto, nueve años cuando sonó por primera vez públicamente, el pasodoble que se le aplica como propio.

Ayer, día en que se cumplían 25 años de la muerte de Lola Flores, también se cumplía un siglo desde aquella malhadada tarde talaverana que vistió de luto a La Macarena. El anecdotario de este suceso, al que no se le ajustaría bien ningún calificativo, es inconmensurable, pero la singular iniciativa de adquirir tela negra por suscripción popular para enlutar a la imagen, fue tomada por un grupo de nazarenos inspirándose en el hecho de que el torero de Gelves, fue un gran benefactor de la Hermandad. Otro suceso relacionado con esta misteriosa y venerada imagen, es su permanencia durante el último trimestre de 1932, escondida en el armario ropero de una casa de la calle Méndez Núñez. El saqueo y la quema de iglesias, eran prácticas habituales, y no pocos se arriesgaron a tratar de salvar lo que fuera posible. Corrían tiempos en que los virus se habían incorporado por completo a la sociedad y se confundían con los especímenes del género humano.

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