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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Franco gana

No deja de ser curioso que la izquierda actual le conceda a Franco una victoria que la propia historia le ha negado

Hubo un tiempo en el que la revista El Jueves practicaba un humor punk y marrano, en la más rancia tradición satírica-salvaje, con abundancia de escatología y sexualismo gamberro. La publicación podría gustar o no, pero disparaba en todas direcciones, siguiendo la vieja ley de no dejar títere con cabeza. Una escabechina. Sin embargo, hace años que El Jueves derivó hacia un humor domesticado, de tufillo podemita, seguidista en las consignas de la progresía más políticamente correcta, estilo Cristina Morales (flamante Premio Nacional de Narrativa), con mucha gesticulación antisistema y poca chicha subversiva. De hecho, la lectura de esta revista es una de las maneras más facilonas de saber por dónde respira una izquierda amoratada que ha hecho del "resurgir del franquismo" uno de sus principales argumentos para volver a la política del "no pasarán", consigna gafe donde las haya. En resumen, la derecha (tanto política como cultural) no sería más que una gusanera obsesionada con el cadáver del caudillo y juramentada para continuar su labor histórica.

De una manera más sofisticada que El Jueves, una importante facción de los medios serios de la siniestra (especialmente los digitales) también insisten en esta continuidad histórica. PP y Cs responderían a una engañosa evolución de los sectores más aperturistas y tecnocráticos del franquismo, mientras que Vox sería la reencarnación de su ala más dura, el llamado búnker. En ambos casos no hay duda de que están manchados por un pecado original que debería inhabilitarlos para gobernar España. Es curioso, pero los cráneos de la izquierda le conceden a Franco una victoria que la historia le negó, la supervivencia de su precaria (por no decir inexistente) ideología más allá de la muerte. Hablar hoy de la pervivencia del franquismo es desconocer profundamente (o interesadamente) la naturaleza política de un régimen personalista que, pese a sus esfuerzos, fracasó en su intento de crear una institucionalidad que lo perpetuase.

De una manera casi cómica, la izquierda más extrema lanza el mensaje de que, medio siglo después de su óbito, el dictador sigue fuertemente enraizado en el poder. De hecho, habría gobernado en varias legislaturas (las del PP) y, en la actualidad, las encuestas le concederían una evidente fortaleza, independientemente de que termine en el Ejecutivo o no. Pase lo que pase, Franco gana. Al final, iban a tener razón los duros antiguos: "Caudillo de España por la gracia de Dios".

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