La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

La Fiesta de la Historia

Celébrense estos días porque "la incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado"

Desde hoy hasta el día 10 se celebra la V Fiesta de la Historia, una iniciativa que busca divulgar esta disciplina esencial sin la que es imposible comprender el presente y construir el futuro. La historia es la memoria crítica de la humanidad. Las sociedades que la ignoran y no le dan la fundamental importancia que tiene en los planes de estudio obligatorios padecen una peligrosa forma de amnesia, como si les afectara una de esas terribles enfermedades que impiden reconocerse a sí mismo y a los demás, saber quién se ha sido, quién se es y quién se quiere ser.

La historia es la ciencia de los hombres en el tiempo, escribió el maestro de historiadores Marc Bloch. Le cito no sólo por su inmensa talla intelectual y ética o por ser el autor del iluminador y hermoso Apología para la historia o el oficio de historiador, sino porque fue investigador, actor y víctima de la historia: interrumpió la redacción de este libro para luchar contra los nazis y fue fusilado en 1944. Y es que la historia investiga e interpreta el pasado con rigor para conocerlo y transmitirlo, pero también para comprender el presente: "La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado", escribió Bloch. Lo que excluye su manipulación. También escribió: "Robespierristas, antirrobespierristas… ¡Por piedad, dígannos simplemente quién fue Robespierre!". Es importante recordarlo ahora, cuando algunos políticos juegan con la historia.

En vez de jugar manipulándola pónganse los políticos de acuerdo en un pacto de Estado sobre la educación y la importancia de la historia en ella. Y los historiadores y profesores investiguen, divulguen siguiendo el modelo anglosajón y enseñen la historia con rigor y con esa pasión siempre contagiosa; la general y la de la literatura, el pensamiento y el arte. Celébrese la Fiesta de la Historia estos días, pero como algo que deje huella, despierte curiosidad por saber y vocaciones. ¡Se publican cada día tantas obras apasionantes que no me dará tiempo a leerlas aunque llegue a nonagenario! Me sumo a la fiesta recomendando algunas recientes: La transformación del mundo, de Osterhammel; Auschwitz. Investigación sobre un complot nazi, de Bayard; Hambruna roja. La guerra de Stalin contra Ucrania, de Applebaum; o, ya que tanto le he citado, la reedición de La extraña derrota, la obra póstuma de Bloch sobre la caída de Francia en 1940 que convirtió al historiador en cronista.

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