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Desde el inicio de la autonomía hemos escuchado a los presidentes de la Junta propuestas grandilocuentes tan sonoras como huecas. Por ejemplo, la revolución cultural o la reforma agraria de Escuredo, la California de Europa de Borbolla, o la Andalucía imparable y la segunda modernización de Chaves. Faroles. La cosa se calmó con los últimos mandatarios, hasta que con el cambio de guardia en San Telmo el primer presidente popular se suma al estilo de los pioneros. Juanma Moreno ha lanzado la revolución verde. A un servidor, con perdón, le parece que será tan profunda como la revolución cultural. De hecho, participa de la vieja retórica: "el Gobierno andaluz está embarcado en una revolución verde que es imparable y que pondrá a Andalucía a la vanguardia mundial de la lucha contra el cambio climático y el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible".

La propuesta del PP ha levantado a partes iguales sorpresa y escepticismo. El jefe nacional de este partido, Mariano Rajoy, negó el cambio climático en 2007 con una broma en la que dejó mal a un primo suyo, catedrático de Física en la Universidad hispalense: "Me dijo, he traído a 10 de los más importantes científicos del mundo y ninguno garantizaba el tiempo que haría al día siguiente en Sevilla". Este gobierno andaluz acaba de desenterrar el proyecto de una carretera para bordear el Parque de Doñana y hace un mes indultó 300.000 viviendas ilegales. Pero su presidente anuncia una revolución verde… El alarde es el punto fuerte de nuestros mandatarios regionales.

Parte de la puesta en escena del nuevo farol presidencial ha sido reunir esta semana el Consejo de Gobierno en Doñana, para celebrar el 50 aniversario de su declaración como Parque Nacional. El asunto ha dado para muchas fotos institucionales y alguna en traje de faena con voluntarios que ayudan en la reforestación de la zona quemada el año pasado. Poco más. No queda claro si se hará la carretera, nada se dice sobre el desencajonamiento de los ríos Guadiamar y el propio Guadalquivir, ni sobre su dragado, ni sobre proveer de suficiente agua superficial -con el desdoble del túnel de San Silvestre- a la potente agricultura intensiva de frutos rojos en la corona norte del Parque, ni sobre la eliminación total de los pozos ilegales que afectan al acuífero 27 o la desaparición de las más de mil hectáreas de cultivo no autorizadas…

Tal parece que la revolución en cuestión está verde por inmadura: un golpe de inspiración de gabinete, que produce una pomposa declaración parlamentaria, una visita improvisada a Doñana, y una proclamación asombrando al mundo de lo vanguardistas que pretendemos ser en algo que no tenemos muy estudiado. El cambio ha sido de caras y nombres, pero el estilo sigue siendo el mismo.

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