Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Envainar y dar crédito

En este oficio de los párrafos periódicos, el riesgo de tener que desdecirse es grande, aunque sólo sea porque lo que dices no lo dices en casa frente al telediario y una tortilla liada, sino con megáfono. La velocidad de cambio puede ser vertiginosa en lo tocante a un asunto, en una misma semana. La tentación primera es profundizar en lo antes dicho, aunque los acontecimientos aconsejen un viraje en la opinión; en todo caso reconocer parcialmente y terminar con un buen "pero", con un "como te reconozco esto, Amparo, te mantengo lo de antes".

Quien suscribe ha mantenido lo oportunista de la moción de censura contra Rajoy, con la palanca en la podredumbre que antecedió y acompañó al pontevedrés en sus mandatos (¿ignorante, silbante o egipcio?). También que el ahora presidentísimo Sánchez tenía un perfil mediocre, y unos avales políticos más que cortitos. Que iba a heredar una situación económica buena (sí, lo es). Que tan esto es así que se iba a quedar con los presupuestos "antisociales" del enemigo desocupado de La Moncloa. Que el PNV carece ya de careta alguna. Que con la jaula de grillos en coalición desahuciadora en esta minilegislatura no se podría legislar, o sea, sacar adelante leyes en el Parlamento sin que aquello sea un problema de combinatoria matemática. Y lo que quedaba era también política, pero la de gestos, cosmética y pegada para cuantos más nichos electorales, mejor: feminismo, homosexuales, emigración, ecologistas, PSOE andaluz, Cataluña, vascos, consumidores de cotilleo, gente conservadora que aprecia a los políticos de raza. Vaya el "pero" en este caso por delante.

Cuando se supo lo de Borrell, muchos aplaudimos (y seguimos). Un ocho apellidos catalanes que cree en España y desmonta con datos y argumentos el insulto y la burda mentira de que España roba a Cataluña; una mentira exitosa, ya se ve. Y que habla castellano y dice ser español: lo que Torra llamaría un infrahumano nauseabundo y demás, el enemigo interior. Con la Presidencia de la Eurocámara en su currículum: es un asunto importante darse a valer en Bruselas y aledaños, lo que no ha hecho bien un Rajoy recibiendo leches por todos los frentes. Borrell es idóneo, ¿alguien puede negarlo, salvo los independentistas? Y Nadia Calviño, otro puntal comunitario. Pero aparte de los perfiles contrastados, lo que es indudable es que el nuevo Gobierno ha traído una ilusión nueva. Inesperada para muchos. Eso también es política. Será sólo cosmética si el objetivo es electoralista (Salvar al soldado PSOE… y a mí mismo, por Pedro Spielberg). No nos deben doler prendas por reconocer un nuevo estado de cosas. Ni en dar crédito al país y a su Gobierno.

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