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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

fcorreal@diariodesevilla.es

Egabrenses

Para la ministra Calvo las palabras no atacan, para la titular de Defensa son peores que misiles

Las dos formaron parte de Gobiernos socialistas en la época en la que se fumaba en los bares, antes de que un meteorito cayera sobre el hemiciclo del Congreso. Con esa experiencia que se les supone a las ministras de Presidencia y de Defensa, Carmen Calvo y Margarita Robles deberían ponerse de acuerdo sobre la importancia que las palabras tienen en política. El Evangelio de San Juan dice que en el principio fue el Verbo, pero el que las nombró a ambas prefirió ignorar la Biblia a la hora de prometer su cargo. Mientras que la ministra de la Presidencia y vicepresidenta del Gobierno ha dicho que al Estado no se le ataca con palabras, sino con hechos, para minimizar los insultos permanentes que Quim Torra hizo al Estado aprovechando el aniversario de los atentados de Barcelona, la ministra de Defensa sí le da relevancia a las palabras y ha decidido abrirle expediente a una serie de militares que suscribieron un manifiesto a favor de Franco. ¿En qué quedamos? ¿Las palabras atacan, defienden o son como el agua, incoloras, inodoras e insípidas? Está claro que las ofensas permanentes de Torra encierran riesgos mucho más evidentes que la vindicación de unos militares nostálgicos, pero hay palabras y palabras.

No se entiende la asepsia que la ministra Carmen Calvo, que en la época de Zapatero llegó a tener la cartera de Cultura (la de Presidencia encarna los donuts), le atribuye al discurso narrativo en beneficio de los hechos en un Gobierno que no dudó en relevar al director del Instituto Cervantes, Antonio Bonet Correa, por Luis García Montero, y donde ella misma no deja de soliviantar el trabajo de los académicos de la Lengua con la monserga del lenguaje no sexista. No es la primera vez que un egabrense, gentilicio de los nacidos en Cabra, joya de la Subbética cordobesa, arremete contra el poder del lenguaje. José Solís Ruiz, antaño la sonrisa del Régimen, ministro del inquilino de Cuelgamuros, paisano de la superministra, pasó a la posteridad con una sentencia, "Menos latín y más deporte", que casi medio siglo después podría figurar en el frontispicio de todos los planes educativos, porque el franquismo cultural sigue mucho más vivo, también en las izquierdas, que el cacareado franquismo sociológico que lleva enterrado más años que el mismísimo Franco.

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