El balcón

Discursos de teletienda

La Moncloa, San Telmo o la Generalitat se han convertido en oficinas electorales que venden remedios milagrosos

El márquetin ha terminado por arruinar el debate político. Los discursos son argumentarios de laboratorio fabricados por especialistas en imagen. La obstinación en este recurso ha convertido a los oradores en vendedores de teletienda. Esos canales de anuncios son fascinantes: remedios milagrosos para adelgazar, recortarse el bigote o pelar zanahorias. Inventos que nunca se sabe lo que cuestan; como cambian de un día para otro, la voz en off los ofrece "por el increíble precio que aparece en pantalla".

Los precios importan mucho en política. Su fluctuación causa siempre inseguridad y a veces perplejidad. El lunes 31, el presidente del Gobierno organizó una exhibición en La Moncloa con la plana mayor de los ejecutivos de grandes empresas españolas. Su mensaje fue que España necesita unidad de todos por encima de las ideologías; que no es el momento de las dos Españas. Pero ocho días después, este martes en el Senado, calificó al PP de desleal con la Constitución, principal problema de la democracia, corrupto y muleta de la ultraderecha. Y el miércoles en el Congreso afirmó con énfasis que Ciudadanos está todavía en la foto de Colón, después de haberle aprobado todos los estados de alarma. Ha abaratado de golpe su discurso institucional con una jerga frentista. El presidente no debería ser un agitador callejero, por mucho que le decepcione que el PP esté bloqueando las instituciones o le presione Esquerra.

Pero el síndrome de pedir unidad y sacudir a los adversarios no sólo lo padece el inquilino de La Moncloa. En San Telmo andan que tal bailan. Este jueves en el Parlamento regional el presidente Moreno ha pedido consenso y apoyo para sacar los próximos presupuestos, con la "mano tendida", muletilla muy usada por Susana Díaz. Pero al mismo tiempo, sus dos vicepresidentes, el de hecho y el de derecho, hacen todas las variaciones posibles de la partitura "el Gobierno de España [y el Partido Socialista] maltrata a Andalucía". La culpa es de Madrid a piñón fijo, se tenga motivo, como con el techo de déficit, o se oculten los antecedentes, como con la PAC, arrebato copiado del que de manera oportunista el Gobierno de Díaz montó al ministro Arias Cañete hace siete años.

La semana pasada Jordi Amat en La Vanguardia decía que Torra ha convertido la Generalitat en una oficina electoral. No es único, como se ve. Siempre hay un público para "el increíble precio que figura en pantalla". Aunque cada vez menos.

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