Al sur del sur

Javier Chaparro

jchaparro@grupojoly.com

Dentro del laberinto

"Vox no es sino el Podemos de la derecha. Ambos juegan a apedrear el sistema para sacar beneficio de ello"

El detallado análisis realizado por Raquel Montenegro y que hoy publicamos sobre los resultados de los comicios andaluces en Algeciras -aunque el resultado sería extrapolable al conjunto de la comarca- apunta que Vox obtuvo sus mejores resultados en los colegios electorales situados en los barrios más pudientes de la ciudad, pero también en los más humildes, donde la convivencia entre la población autóctona y la extranjera es más complicada. Partamos de la base de que los extremos políticos tienden a patrimonializar a través de mensajes simplistas los valores pertenecientes al conjunto de la población. Podemos lo hizo en sus inicios con gran eficacia gracias a una estrategia de politología de laboratorio. La crisis económica, junto a la tardanza y torpeza de los gobiernos de PSOE y PP para detectarla y frenarla desde una óptica social, dejó a los podemitas el camino libre para lanzar la idea de que el sistema estaba podrido y de que solo ellos defendían la sanidad y la educación públicas, a los marginados como miembros de pleno derecho de nuestra sociedad y la supeditación de toda la riqueza del país al interés general con independencia de su titularidad. Nada que no esté recogido letra a letra en la Constitución de la que ahora celebramos 40 años. En el 2-D, el declive de Podemos a causa de la pérdida de su pluralidad interna, del chalé del mesiánico Pablo Iglesias y de su respaldo a los independentistas catalanes tuvieron como consecuencia que los más desencantados de la izquierda se quedasen esta vez en casa, sin ver opciones políticas a las que votar.

Vox, en el polo ideológico opuesto, no es sino el Podemos de la derecha. A su manera, ambos partidos juegan a apedrear el sistema para sacar beneficio de ello, aunque sus votantes no tienen porque encuadrarse ni en la ultraderecha ni en la ultraizquierda. Muchos de los electores de Podemos no comulgan ni con la dictadura de Venezuela ni con el delincuente Puigdemont, como tampoco muchos de los de Vox respaldan a Trump o que se entierre la bandera andaluza de Blas Infante. El discurso caudillista de Santiago Abascal, que por algo es galgo y le viene de casta, gira en torno a ideas como la unidad indivisible de la nación española, la defensa de la patria y a la apelación del Ejército como garante de la seguridad, cuestiones que también aparecen recogidas en nuestra carta magna. Y si Vox no ha avanzado más ha sido gracias a Ciudadanos, aunque eso merece un análisis aparte.

PSOE y PP deben observar lo sucedido a partidos análogos en el resto de Europa para no continuar al paso del cangrejo. Entre ambos no han sumado ni el 50% de los votos, algo inimaginable en la víspera del 2-D. Si quieren encontrar razones a sus resultados, que pongan en una balanza los titulares de prensa dedicados a las peleítas Pedro-Susana o Casado-Soraya y los que han generado la acción de sus respectivos gobiernos. Del golpe solo se repondrán si se dejan de mirarse el ombligo y se ponen a currar pensado en la gente.

Postdata: En la radio truena una voz cortante como un filo de cuchillo pidiendo a los suyos que tomen la calle, porque los otros o de los de más allá, proclama, son "unos fachas cobardes". A renglón seguido, varios tontos dieron la otra noche en Cádiz una lección de democracia quemando contenedores. Como réplica, un individuo alude a la necesidad de emprender la reconquista de España, aunque me temo que quiera inscribirla a su nombre. Un verso de mi tocayo Sánchez Menéndez me pone los pies en el suelo: "Dentro del laberinto hay que correr".

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