La esfera armilar

Demasiadas sedes

El mantenimiento de tanto metro cúbico acabará siendo, si no lo es ya, insostenible

Hay cierta oscuridad en el reciente intercambio de bienes entre el Ministerio de Defensa y el Ayuntamiento de Algeciras, que supone para el Consistorio un problema y para Defensa una liberación. Compromisos presumibles y desconocidos, y el no saber exactamente qué hacer con el imponente inmueble del antiguo Gobierno Militar del Campo de Gibraltar, contribuyen a la sensación de opacidad que envuelve al acuerdo. Más claro se percibe el devenir de la antigua Comandancia Militar en una manzana próxima a la de la iglesia de La Palma. En este caso parece que el destino de tan espléndido edificio, va a estar incorporado al hábitat urbano. No sé si está protegido por alguna disposición oficial, pero debiera estarlo. Si así fuera, la cosa se complicaría, pero si no fuera así sería una barbaridad derruirlo y recomponerlo a la usanza del proceder en tantos otros desatinos.

Los ayuntamientos cuando y como pueden, eluden la protección de bienes de naturaleza urbana. Hay muchos ejemplos, pero para no cansar ni estrujarse la memoria, ahí tienen lo que han hecho en San Roque con la vieja Casa Consistorial, para satisfacer al viejo y asaz impertinente Andrés Vázquez de Sola, después de que éste se lamentara públicamente de ser sanroqueño. O el atentado a la fachada del antiguo Hospital Militar de Algeciras convirtiendo una de sus ventanas en puerta para facilitar el acceso (creo) al retén de la policía municipal. Así que con las nuevas dependencias municipales, nuestro ayuntamiento podrá, si conviene, alterar lo inalterable. Pero, esa es otra historia. Lo que toca ahora es referirse a la nueva situación que supone para el Consistorio, decidir sobre el porvenir de esos edificios.

Convertir en museo militar el edifico de la plaza General Martí Barroso suena a futuro lejano y albergar a asociaciones, también. Ni lo uno ni lo otro servirá para inyectar dinamismo en esa parte del casco histórico. Sólo iniciativas que incidan en la presencia notoria de gente, mañana y tarde, neutralizarían ligeramente, y no mucho más, el espeso gueto marroquí en que se ha convertido la zona. Es todo un aviso para navegantes ver la supuesta peña Camarón, del bueno de Juan Chirobao, en la esquina del callejón de las moscas, convertida en una réplica de local de un zoco de cualquier ciudad del otro lado del Estrecho. Además de que el mantenimiento de tanto metro cúbico acabará siendo, si no lo es ya, insostenible.

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