Se me juntaron un cúmulo de cosas, unas aprendidas y otras recordadas, se amontonaron en estos últimos días. Se apilaron como si hubiesen querido finalizar el año con el deseo de no ser olvidadas taponando la parte final y estrecha de 2018. De tanta aglomeración, luchando por querer pasar al otro año, estallaron como un confeti de fin de fiesta sensaciones, propósitos, cierres y nuevas ideas.

Si algo apliqué en estos días que me ha ayudado a vivirlos de una forma plácida y serena son dos versos desconocidos hasta entonces para mí del poeta Benjamín Prado que se los oí recitar parándome en seco: "Cuidado con juzgar a los que quieres:/ si los miras con lupa, empezarán a arder". También curiosamente de él, o mejor dicho, primero, y es por eso que trasteé después en su poesía, me enviaron el enlace de un artículo en el que empieza preguntándose si para ser felices hiciera falta tener menos en vez de tener más. "Somos unos materialistas a los que les encanta hablar del espíritu… nos gusta lavar nuestra conciencia y lavarnos las manos", añade más adelante. Escribe también sobre la tolerancia. Su petición para los Reyes: que se lleven esos defectos que nos afean. Y aquí voy a quedarme, aunque el artículo siga, y lo voy a unir con los dos versos de su poema.

Curiosamente, este año escribí dos cartas a sus majestades: una llena de deseos y otra llena de defectos; deseos a los que mi voluntad y constancia darán impulso; defectos de los que aprendí de mí y que ya no necesito. Esta segunda la quemé en un caldero junto con otros defectos o situaciones que otras mujeres escribieron y que a forma de ritual, después de un buen desayuno navideño, todas echamos al fuego con la conciencia puesta en lo que pretendemos que se vaya. También nuestro trabajo en estos meses ha girado en torno a no mirar con lupa a los que queremos. Así que la sensación era como si el poeta me hubiese estado espiando y el devenir hubiese hecho el resto colocando sus familiares palabras en el camino; chaladuras que imagino y me permito para no perder la magia.

Teniendo en cuenta que uno mismo ya de por sí es su más despiadado juez, aceptar a cada uno como es y aceptarme es uno de los deseos que les pedí para este año; así que, de todo lo que se lleven, que se lleven también la lupa.

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