Campo chico

Alberto Pérez de Vargas

Cincuenta años de casi todo

Los planes de desarrollo hicieron posible que estemos ahora celebrando el 50 aniversario de Acerinox

El pueblo nuevo de Castellar. El pueblo nuevo de Castellar.

El pueblo nuevo de Castellar. / E.S.

El día 31 del pasado mes de octubre, el Grupo Joly, editor de Europa Sur, puso en circulación un suplemento de 16 páginas, dedicado a Acerinox, una de las primeras acerías del mundo. Radicada en el Campo de Gibraltar, ha sido ahora encargada, como ha informado este periódico, de fabricar la cubierta y la envoltura exterior del gran estadio Santiago Bernabéu; en mi barrio madrileño de Chamartín; añadiendo un acabado único a un diseño espectacular. En las últimas planas del suplemento, puede el lector valorar la proyección universal de esta empresa que junto a Cepsa y demás industrias petroquímicas, que la acompañan en uno de los más importantes complejos industriales de España y de Europa, constituyen una referencia de primerísimo orden de nuestra tierra. La aparición de ese suplemento me supo a regalo ejemplar a mi propósito, materializado en las cinco entregas de mi Campo Chico, de ofrecer una panorámica rigurosa de la historia de esa década prodigiosa de los años sesenta, en la que con el punto de mira en el cierre de la verja, cambió radicalmente la sociedad del Campo de Gibraltar. Con el común título de De allá y de más acá de la verja, aparecieron a lo largo de los cinco domingos que van del 27 de septiembre hasta el 25 de octubre, mostrando de modo fehaciente que el cierre de la verja y las actuaciones que se programaron entonces, convirtieron un páramo industrial y laboral sin futuro, con elevados índices de analfabetismo y muchas carencias, en un territorio próspero que hoy día, hecho presente, podemos disfrutar con entusiasmo.

Aquellas actuaciones tuvieron como referencia el cierre de la verja y no tener que acudir a recursos ajenos

Tal vez no advirtamos que esa conmemoración de los cincuenta años de existencia de Acerinox coincide con la de todo lo demás; en la comarca todo empezó hace cincuenta años, cuando tuvimos la oportunidad de ser nosotros mismos abandonando el pesado fardo que suponía la dependencia de la colonia. Lástima que no supimos soltar todo el lastre y –como escribía Salustiano del Campo– volvimos a las andadas con la reapertura de la verja, incondicional de facto, tres lustros después, cuando nuestros políticos locales retomaron el servilismo que habían practicado en el pasado, facilitando la compra generalizada de voluntades programada desde cavernas de Convent Place. Una información que aparece el día 26 de abril de 1970 (un año después del cierre de la verja), en la Hoja del Lunes –el periódico que editaba la Asociación de la Prensa, para llenar el hueco de los lunes, inhábiles entonces para la prensa escrita– se refiere a la línea de promoción industrial promovida por Banesto (Banco Español de Crédito) que supone su asociación con las firmas japonesas Nishin Steel Co. y Nissho-I Al Co. para iniciar las obras de la primera fase de una factoría en el Campo de Gibraltar “que permitirá producir 30.000 toneladas anuales de chapas y bandas laminadas en frío de acero inoxidable”. Poco antes, el jueves 16, de ese mismo mes, el diario ABC anunciaba en lugar destacado que dos empresas japonesas habían llegado a un acuerdo con Banesto para crear una factoría de acero inoxidable en el Campo de Gibraltar.

En Acerinox: 50 años de acero, puede leerse lo siguiente: “La fábrica del Campo de Gibraltar de Acerinox se fundó en 1970, convirtiéndose 15 años después en la primera factoría integral de acero inoxidable. Su historia es la de uno de los grandes productores de acero inoxidable del mundo, pues aquí es donde empezó la aventura de Acerinox y ningún lugar como éste resume mejor la historia del grupo. Ha sido el modelo que han imitado American Stainless, Columbus Stainlees y Bahru Stainless, trasladando el plano de esta fábrica a distintos rincones del mundo”. El planteamiento del Plan de Desarrollo Económico y Social del Campo de Gibraltar, que básicamente se llevo a cabo en los diez años que van de 1965 a 1975, se diversificó en los tres sectores de la economía –Agricultura y pesca, Industria y Servicios– “a través de una adecuada ordenación del territorio, teniendo como pivote fundamental el crecimiento industrial y comercial de la Bahía de Algeciras”. El sector industrial alcanzó en esa época un nivel de ocupación del 30% de la masa laboral, algo inimaginable unos pocos años antes cuando el sector primario ocupaba al 40% de los trabajadores.

La inversión pública en ese período fue de alrededor de 13.000 millones de pesetas. Ello supuso, en diez años, un descenso del índice de analfabetismo del 30% al 2 % y la creación de 2.300 plazas de formación profesional. Se construyó la Residencia Sanitaria de La Línea, se iniciaron las obras de un centro primario de rehabilitación y se pusieron en funcionamiento hogares de pensionistas en La Línea y en Algeciras. Se construyeron viviendas de protección oficial para el 34% de la población, es decir, para unos 65.000 habitantes, se realizaron actuaciones de expropiación de cerca de 1.500 Has. para el acceso a la propiedad de 176 colonos, se construyó el nuevo poblado de Castellar, concediendo créditos y subvenciones a la población afectada, y un sinfín de actuaciones paralelas para facilitar o mejorar las condiciones de vida de la gente.

Bastará moverse en esa década para encontrarse con cincuenta años o algo menos o algo más, cada vez que se nos ocurra considerar iniciativas en el complejo petroquímico de la Bahía o asociadas al desarrollo portuario y al comercio marítimo. Poco antes de Acerinox o poco después, el caso es que los planes de desarrollo del Campo de Gibraltar hicieron posible que estemos ahora celebrando el aniversario, el medio siglo de existencia de aquellas acciones, que tuvieron como referencia el cierre de la verja y la consideración de lo que era necesario para que el Campo de Gibraltar no necesitara acudir a recursos ajenos a su propia estructura. Cabría preguntarse ahora por los beneficios reales que ha aportado la reapertura de la verja. Podría ser un buen trabajo para un joven economista o para un sociólogo de nuevo cuño o tal vez para un periodista que quisiera profundizar en un análisis comparativo de lo logrado en los años de cierre con lo que supuso la apertura. No hemos entrado en ello, pero paralelamente convendría hacer una valoración de la incidencia fiscal del contrabando y, en general, de la economía sumergida que soporta la comarca a causa de los desequilibrios generados por Gibraltar en su Campo. Y proceder en consecuencia; hoy por hoy las circunstancias, por primera vez en la historia, juegan a favor de los intereses generales de España, por más que no le convenga a un más que oscuro, en no pocos y variados casos, buen contingente de españoles.

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