Ceuta, pero de nuevo, el Sáhara

Marruecos se ha mostrado como un Estado agresivo y no fiable que olvida los derechos fundamentales de la población

En la columna de la semana pasada en el diario Europa Sur relacionaba los casos de Oriente Medio, en el que la ocupación de territorios palestinos por asentamientos de colonos israelíes había conducido a un enfrentamiento militar abierto de consecuencias terribles, con la posición de Marruecos en relación con el Sáhara occidental. La vinculación deriva de que en ambos casos ha primado el uso de la fuerza frente al cumplimiento de la legalidad internacional, se desconocen las resoluciones de la ONU y se violan sistemáticamente derechos humanos. Ambas situaciones también comparten la nefasta y muy desafortunada intervención del presidente Trump que ha dejado un legado tóxico en las relaciones internacionales. Trump apoyó claramente la política de asentamientos ilegales llegando a trasladar la embajada de los Estados Unidos desde Tel Aviv a Jerusalén, violando una práctica internacional. Por ello, el primer ministro Netanyahu se sintió respaldado por la gran potencia hegemónica en su continúa violación de los principios fundamentales del derecho internacional.

Para buscar un mayor apoyo, el presidente Trump comunicó vía tuit que reconocía la ocupación marroquí del territorio saharaui. A cambio, Marruecos debía apoyara a Israel, reestableciendo relaciones diplomáticas y abriendo de nuevo su embajada. Marruecos piensa que abandonar la causa palestina a cambio de consolidar la ocupación del Sáhara es un buen negocio. Igual que Netanyahu, Marruecos se ha sentido reforzado y ha buscado un enfrentamiento con España, generando una crisis sin precedentes en Ceuta, como reacción a la hospitalización en España del líder saharaui del Frente Polisario Brahim Ghali, enfermo de coronavirus.

Pues bien, tal vez le pueda salir no del todo muy bien a Marruecos. Ha puesto de nuevo sobre la mesa el tema del territorio del Sáhara, en gran parte olvidado por la comunidad internacional y por la sociedad española. Se ha mostrado como un Estado agresivo y no fiable que olvida los derechos fundamentales incluso de su propia población, Estado al que no le importa la vida de sus menores a quienes usa sin ningún tipo de pudor como mercancía para realizar un chantaje político. Estas circunstancias nos recuerdan la necesidad de buscar una solución definitiva al problema del Sáhara occidental basada en el respeto de las resoluciones de Naciones Unidas y el derecho internacional.

Marruecos nos ha recordado estos días que hasta que no esté resuelta la cuestión saharaui, existirá una amenaza permanente sobre las fronteras españolas, que son las europeas.

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