Tierra de palabras

Camino al corazón

Observando lo que la naturaleza nos regala seremos capaces de ver las cosas como son

No es necesario estar muy avispado ni viajar muy lejos en el tiempo para descubrir los estragos del calentamiento global con los que convivimos y que parece se nos instalaron como familiares. La marea de plásticos en los mares y océanos, los desesperados sollozos de la naturaleza, la suciedad de los residuos industriales… señales de que el sistema holístico del cual formamos parte está desequilibrado. Para restablecer el equilibrio no solo debemos confiar en la admirable capacidad que la tierra tiene de regenerarse, también somos nosotros los que debemos regenerarnos de forma urgente para corregir errores pasados.

"El cuidado de los ríos no es una cuestión de los propios ríos, sino del corazón humano -afirma la ambientalista japonesa Tanaka Shozo-. Si existe amor, entonces nos sentiremos conectados con el mundo que nos rodea. Para crear una sociedad que ame y respete de verdad el mundo natural, debemos suministrarles a nuestros ciudadanos experiencias en la naturaleza que promuevan cambios radicales de la vida. Un momento de contacto profundo con ella puede inspirar nuevas convicciones y prioridades en la conciencia de las personas."

La naturaleza tiene el poder de reflejar cosas que conocemos en nuestro más profundo interior pero que todavía no han salido a la superficie. Este conocimiento, sin duda, tendrá un impacto sobre otros aspectos de la vida. En japonés hay una expresión que dice: "Experimenta la hermosura de la naturaleza y te comprenderás a ti mismo". El bosque es un tesoro de símbolos; nosotros gozamos del privilegio de vivir cerca de ellos, tesoros que tenemos al alcance de la vista, del corazón y del espíritu. Observando lo que la naturaleza nos regala seremos capaces de ver las cosas como son sin que nos haga falta buscar una explicación profunda; la atmósfera del bosque es especial y tiene la capacidad de calmar el cuerpo y animar el espíritu.

Llevemos a nuestros pequeños al bosque, ofrezcámosles la oportunidad de entrar a un mundo para ellos sobrenatural, lleno de cosas maravillosas. Ya lo decía María Montessori: "Ninguna descripción o ninguna ilustración de cualquier libro puede sustituir la contemplación de los árboles reales en un bosque de verdad. De los árboles emana algo que nos llega al alma, algo que no puede darnos ningún libro ni museo". Busquemos con ellos cualquier sendero de los muchos que tenemos porque solo podremos enseñarles a cuidar y amar la naturaleza si la conocen. Y allí está asegurada la belleza en todas partes. Respirémosla de camino al corazón.

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