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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

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Caja mágica

Don Juan Carlos asistió por la mañana a la victoria de Rubalcaba y por la tarde a la derrota de Nadal

El mejor elogio vino de su adversario. "Lo que necesita el PP es un Rubalcaba". Lo recordó Mariano Rajoy en la semblanza de quien fue su contrincante en las elecciones y en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. Ahora, paradójicamente, el que realmente necesita de un Rubalcaba es el PSOE. "Ya lo echo de menos", dijo Felipe. Ese tipo de políticos ni se improvisan ni salen de la copistería, la gran reserva espiritual del más reciente socialismo patrio.

Me detengo en un gesto, en dos escenarios de nombres tan literarios, dignos de una novela de Carlos Fuentes, como el Salón de los Pasos Perdidos y la Caja Mágica. En los dos estuvieron el sábado los reyes eméritos Juan Carlos I y Sofía. En el primero asistieron a la gran victoria póstuma de Alfredo Pérez Rubalcaba. En el segundo, fueron espectadores de la derrota de Rafa Nadal ante su público, apeado de la tierra batida por un figurante de la Troya de Brad Pitt.

En Rubalcaba siempre llamó la atención su deportividad. Su palmarés deportivo (destacado velocista en sus años mozos, sobrino de Gento en su genealogía madridista) lo extrapoló a un fair play en la política. Nunca sacó pecho por el triunfo socialista en las elecciones del 14 de marzo de 2004, ésas que perdimos todos los españoles, ni se zambulló en el existencialismo y el tedio exculpatorio cuando los electores lo mandaron a la oposición y él les tomó la palabra para regresar a las clases en la Facultad de Químicas.

Como Nadal ante el griego Tsitsipas, Rubalcaba saludó al juez de silla, agradeció el apoyo de la afición, metió sus cosas en la bolsa, cogió la raqueta y se fue a los vestuarios en pos de la reparadora ducha. Los dos, el tenista y el político, siendo madridistas, algún día debieron aprender la cultura del manque pierda de béticos que pasaron por el estadio de la Castellana como Luis del Sol o Rafa Gordillo. Perfiles de dos patriotas a los que honraron con su presencia los padres de Felipe VI, que también volvió a Madrid para rendir honores ante el féretro con los restos de Rubalcaba después de que la alcaldesa de Barcelona y el presidente de la Generalitat, esos que se rasgan las vestiduras cuando los hacen objeto de chanza en una fiesta vernácula, lo volvieran a ningunear en el Salón del Automóvil. El contrapunto de Rubalcaba y Nadal, pareja de dobles de España para la Copa Davis de la autoestima colectiva.

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