EUROPA SUR En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Cachitos de coronavirus (y II)

La sociedad se ha revelado solidaria con los enfemos y con los que cumplen con su deber más de lo que se exige

5y los psiquiátricos, vacíos. Los ensueños de la sinrazón también producen monstruos... mentales. Ahí tienen al genuino Quim Torra quejándose en la BBC de que el Estado español le ha arrebatado sus competencias y no le deja combatir la enfermedad; a su consejero de Interior rechazando que los militares le desinfecten el aeropuerto; a su consejera de Empresa y ¡Conocimiento! denunciando la doble intención de que en el anuncio del Gobierno contra el virus la expresión "este virus" vaya en amarillo, el color de los lacitos indepes; a su partido que ve en la frase "lo paramos unidos" un cuestionamiento de la pluralidad del Estado, y a sus amigos apretadores de la CUP que piden toser en la cara a los soldados para que se vayan y no vuelvan. Pura paranoia. Y los psiquiátricos, cerrados desde nuestra juventud saltando la tapia...

6. Narcisismo incontrolable. Esto es menos grave, pero también destacable: el vicepresidente del Gobierno más ególatra de los cuatro empezó la semana tuiteando sobre el positivo de su mujer: "Por delante me quedan catorce días de cuarentena cuidando a mi familia y trabajando por medios telemáticos". Quien no te conozca que te compre, Pablo. Ha asistido a los consejos de ministros como si la cuarentena no fuera con él, ha dado una rueda de prensa con el ministro de Sanidad, que es a quien corresponde el protagonismo político en esta crisis, y ha mostrado su insoportable exhibicionismo sentimental al avisar de que él es el responsable de atender a los más vulnerables y al descubrirle al público lo sensible que es la ministra de Defensa. No lo puede remediar.

7. Solidaridad. Sin necesidad de pregonarlo a todas horas los españoles están respondiendo muy bien al desafío. Con disciplina, civismo y solidaridad. No lo digo por el aplauso -que no cuesta nada- de cada día a quienes están cumpliendo con su deber más allá de lo que les exige la ley, sino por los aplaudidos, por los sanitarios jubilados que están volviendo a sus antiguos trabajos, los que cosen batas o fabrican mascarillas por su cuenta, los que cuidan a los ancianos que ni el sistema público atiende ya, los que acogen a los desahuciados de la vida que nadie quiere, los que hacen colectas para sufragar gastos disparados, los hoteleros que ofrecen sus establecimientos, el Amancio Ortega que ayuda sin pensar en los Cretinos sin Fronteras que lo vituperan. Ninguno de ellos hará en toda su vida por los enfermos la décima parte de lo que Amancio va a hacer en estas semanas.

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