Brexit, cinco años después

Estuvimos cerca del abismo varias veces, pero es cierto que ahora el enfoque y el proceso es el correcto

Ayer 23 de junio se cumplieron cinco años del referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea. En estos cinco años, que se han hecho muy largos, hemos visto como se le acabó la vida política del Primer Ministro británico que convocó el referéndum y la caída de su sucesora que no encontró la vía adecuada para conducir las negociaciones de salida. En este tiempo se activó una vía, la del artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, diseñado en su día bajo el firme convencimiento de que no iba a ser utilizado nunca.

Cinco años después, el RU no es ya un Estado miembro de la UE, pero se ha logrado encontrar una fórmula jurídica que canaliza las relaciones con la UE a través del Acuerdo de Comercio y Cooperación anunciado a unas horas de finalizar el período transitorio el día de Navidad de 2020. En general, se trata de un buen acuerdo que respeta los intereses mutuos y ha evitado la crisis traumática de un no acuerdo y garantiza una competencia leal y marcos de cooperación ininterrumpida en bastantes ámbitos de interés compartido como el comercio de bienes y servicios, el comercio digital, la propiedad intelectual, la contratación pública, el transporte, la energía, la pesca, la coordinación en materia de seguridad social, la cooperación policial y judicial penal, la cooperación temática y la participación del RU en programas de la Unión. El proceso no ha concluido todavía puesto que siguen algunos temas sin cerrar y, además, la implementación del Acuerdo no está siendo fácil y plantea problemas complejos como el relativo a Irlanda del Norte y su frontera marítima. No obstante, en general, el proceso del Brexit se ha reconducido por las partes de una forma razonable evitando el gran riesgo de la caída al precipicio que hubiera significado la ausencia de un no acuerdo. En definitiva, el Reino Unido se ha salido de la UE, pero no de Europa, donde sigue siendo un aliado estratégico, comparte con la UE un mismo sistema de valores y principios, siendo en definitiva un actor clave en el continente con el que hay que seguir contando.

No obstante, la cuestión de Gibraltar sigue abierta todavía. Estuvimos cerca del abismo varias veces, pero es cierto que todo parece indicar que ahora el enfoque y el proceso es el correcto. Quizás las partes se precipitaron en anunciar un tratado a los seis meses del histórico principio de acuerdo. Abandonadas las posturas maximalistas y el disparate político y jurídico de la propuesta de cosoberanía, la posición pragmática de todas las partes involucradas en la negociación genera confianza en la posibilidad de cerrar un acuerdo histórico para Gibraltar y, en consecuencia, la comarca, que nos conduzca a la tan necesitada zona de prosperidad compartida.

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