Bien Picardo, bien

Ni siquiera las visitas de los submarinos nucleares les persuaden del 'leitmotiv' de la colonia

El disparate del "Brexit" es de tal dimensión que los que están teniendo que lidiar con el asunto no saben qué inventar para evitar sus efectos. Sin embargo, casi con seguridad, una segunda consulta daría los mismos resultados. En el éxito del referéndum a favor de la desvinculación del Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE), tuvieron un gran peso los sectores de población de mayor edad y menor saber. Un bloque electoral, sólido e inalterable, anclado en los perjuicios supremacistas de un pasado imperial todavía cercano. Sabiéndolo, ningún político británico se atrevería a intentar una segunda oportunidad.

La pérdida de personalidad y, en cierto modo, de soberanía y de control sobre los propios recursos, es lo que peor digieren los Estados. En el RU se añade la insularidad y las circunstancias derivadas de su proximidad cultural, histórica y sentimental con Norteamérica: Canadá y Estados Unidos. De un modo u otro los británicos se las arreglarán para sacar el mejor partido al conflicto que ellos mismos han generado, ayudados, eso sí, por la escasa visión de la realidad del premier David Cameron y adláteres. Tal vez les pasara desapercibido, aparte de los graves inconvenientes políticos, sociales y económicos, la situación en que queda la problemática frontera entre las Irlandas.

En cuanto a estos pagos de por acá, al chief Picardo le debe de llegar la sonrisa de una oreja a otra. El tratado para proteger a la colonia de los efectos del Brexit (dícese que el segundo después de Utrecht), porque de eso se trata, parece haber sido dictado desde Convent Place. Al RU ya no le preocupa el futuro de Gibraltar, ni siquiera lo menciona; el Gobierno español se ha encargado de blindar los privilegios de la roca. Creerse que va a reducirse o ¡eliminarse! el fraude fiscal y sus efectos sobre la economía española, es una distracción para bobos de alterne. Nuestros próceres no se enteran de nada, emponzoñados por los que no quieren enterarse y por los asalariados del que no se enteren. Ni siquiera las constantes visitas de los submarinos nucleares les persuaden del leitmotiv de la colonia. Que es lo militar; la población civil no es más que un telón de punto, que mantiene y releva de gastos a los militares, a base de operaciones oscuras, de fomento del estraperlo y de una consolidada ingeniería fiscal y financiera que habría hecho las delicias de la dinámica social del Chicago de los años treinta.

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