La esfera armilar

Bailando con traidores

Sánchez está presidiendo el Gobierno con el apoyo de quienes quebrantan los valores del sistema

Sea o no grato para el observador, el chalaneo de Pedro Sánchez para ser presidente del Gobierno de España, ha sido un éxito. Sorprendente, porque nadie se habría atrevido a apostar por su futuro cuando hace poco más de dos años, dimitía como secretario general del PSOE y se enfrentaba a sus poderes jerárquicos. Estaba ahí tras ganar en unas primarias internas con un 13% de ventaja, a un militante conocido y experimentado, Eduardo Madina, que abandonaría la política tras su fracaso en los comicios y después de una vida activa en el Partido de más de dos décadas desde su ingreso a los diecisiete años. Sánchez dimitió y abandonó su escaño en el Congreso consiguiendo, tras unas nuevas primarias y a la contra del aparato, recuperar la secretaría general generando una grave crisis de identidad en el PSOE.

Y digo que es un éxito en sus verdaderos propósitos: permanecer en el poder. Pero un ejemplo infausto de la debilidad de la democracia. No hay que acusar a los colectivos más allá de la tolerancia con la desvergüenza, porque los colectivos no lo tienen fácil cuando una oligarquía se instala y consigue consolidarse. Pero los colectivos acaban siendo considerados en la dimensión de sus líderes. No me puedo imaginar nada peor en la presidencia de un Gobierno; pero tampoco me lo podía imaginar cuando surgió de la nada -como Sánchez- Rodríguez Zapatero. Todo es, en efecto, susceptible de empeorar. El sistema permite, incluso propicia, que aquel sea hoy consejero del reino, y el día de mañana lo será Sánchez después de haber llenado el espacio mental de millones de españoles, desde luego del mío, de vergüenza ajena y de indignación.

Sánchez está con quienes niegan la Constitución. Está presidiendo el Gobierno de España con el manifiesto apoyo y la complicidad necesaria de quienes quebrantan los propios valores del sistema y se burlan de las leyes y de la convivencia. ¿Cómo puede advertirnos a los andaluces de que ahí está él para protegernos de supuestos enemigos de ese sistema? ¿Es que se propone intervenir la autonomía andaluza? La política del Gobierno de Rajoy con Cataluña fue lamentable, y la gestión de Sáenz de Santamaría, uno de los grandes errores de esa política; tal vez por eso, también sea esta señora consejera del reino. Pero ahora estamos conviviendo con el golpismo, con el insulto y la inconstitucionalidad. Los españoles debiéramos hacer pagar esta vergonzosa afrenta.

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