La esfera armilar

Los unos por los otros

Tanto en lo del tren como en lo de la carretera, los unos por los otros y la casa sin barrer

Sentado en una de esas espléndidas terrazas que bordean la Plaza Alta de Algeciras, vi con sorpresa a alguien que me pareció José Luis Martínez-Almeida, el alcalde de Madrid. Mi otro yo madrileño -el equipo de mi barrio es el Real Madrid- se activó y, una vez comprobado que, en efecto, se trataba de él, sentí el impulso natural de saludarle. Pues se trata de un impulso que decae rápidamente, me levanté enseguida, fui a su encuentro y le deseé una feliz estancia entre nosotros. Le acompañaba, claro, José Ignacio Landaluce, de modo que aproveché para saludar también al alcalde algecireño. Volví inmediatamente al lugar del que procedía y, por el camino de vuelta, me pregunté qué estaba haciendo Martínez-Almeida en Algeciras; tal vez, me dije, está de visita disfrutando de unos días de descanso. Tardé poco en conocer las razones de su presencia por estos pagos.

Se trataba del llamado ramal central ferroviario; es decir, de erosionar en lo posible al Gobierno de la nación, dado que una cosa es insistir en una reivindicación necesaria y urgente, y otra acordarse del particular sólo cuando se está en la oposición. El tren y la inacabada autovía A-48 son las asignaturas pendientes de la provincia de Cádiz. El tramo Algeciras-Vejer es el único de carreteras nacionales que aún permanece en dos direcciones. En este caso no es ya sólo cuestión de naturaleza comercial sino incluso de índole social; dificulta las comunicaciones por carretera entre las dos bahías y mantiene más alejada si cabe, de la capital, a la comarca del Campo de Gibraltar. Además de la peligrosidad del recorrido Algeciras-Tarifa, que se ha cobrado ya muchas vidas.

El PSOE pasó de largo con su poder omnímodo en estas latitudes, en los años ochenta, pero ya en 2013, por estas fechas, Francisco Gonzalez Cabaña, un notable del partido, reprochaba al Ejecutivo -el PP gobernaba con mayoría absoluta en Congreso y Senado- su "falta de compromiso político e inversor con la autovía A-48". José María Gil Robles, uno de los más señalados protagonistas de la Segunda República declaró en 1978, ante el todavía proyecto de Constitución, que ésta tenía graves deficiencias y convertía a la democracia española en una partitocracia, donde las oligarquías de los partidos políticos serían las que realmente ostentarían el poder, por encima de la voluntad popular. Tanto en lo del tren como en lo de la carretera, los unos por los otros y la casa sin barrer.

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