Cambio de sentido

El estado del Estado

Si nos llamaran de nuevo a las urnas va a ir a votar Rita, que probablemente vota requeté

Vaya usted a saber por dónde va la cosa de la investidura a la hora en la que me está leyendo. A la hora en la que yo le escribo -al frescor del alba y en la víspera, ahora que se alivia un poquito la caló- el hemiciclo está aún remansado, en un rato comenzará el debate de investidura. Contenta me tienen. No sé si usted está entre quienes afirman con solemne cabreo que si convocan otras elecciones va a ir a votar Rita -que probablemente vota requeté-. Si nos llaman de nuevo a las urnas nos van a oír entonar, con el gran Chicho Sánchez Ferlosio, el Malditas elecciones. Quizá suene poco edificante lo que digo. Peor suena que estemos aquí votando hasta nos salga bien. Quizá Sánchez haya creído, porque lo diga Metroscopia, que el tuerto es el rey, y que acaso las gentes de izquierda se movilizarían ahora con el vigor del 28-A. Estoy con esa mayoría que no quiere repetición electoral, y también con los anticapitalistas que han abogado por alcanzar un pacto programático con el PSOE pero sin entrar en el Ejecutivo. Y hasta con quienes le dicen a Pablo Casado que a ver cuándo se va a hacer un hombre de Estado y facilita un gobierno al que oponerse con honorabilidad y deja de ronear con la disparatosa derechísima, y con quienes piensan que no se puede hacer una caricatura de lo asambleario. Pero nada, ahí siguen. No sé en qué parte del verbo "país" -porque país, para salvarlo de los salvapatrias, ha de ser siempre un verbo- no han comprendido quienes pugnan por hacerse por el poder. Malo. No creo que tengamos los políticos que nos merecemos; tengo un concepto mucho más alto de mis vecinos y conciudadanas. Minuto y resultado: hasta el momento, los líderes que padecemos nos tienen un poquito abucharás. Supongo que desde el momento en que yo le escribo hasta el que usted me lea no se le va a dar la vuelta al marcador.

Hace poco me confesaba una amiga que en el empeoramiento de la salud de su padre había intervenido su preocupación por el estado del Estado. Como él, son muchas las gentes a las que importa la política. A quien cree de veras que la vida en en sociedad es un acto político, le afligen los maquiavelos de Pichardo y mira con desconfianza la realpolitik, las encuestas, el marketing y el doble discurso del poder. Aunque fuera por conveniencia, a todos los que desde ayer debaten en el Congreso más le valiera recordar los motivos por los que hemos votado. Y los motivos por los que ahora no nos toca volver a votar.

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