¿Qué será, será?

La sorpresa que nos ha dado el presidente Sánchez, que lo es con todas las de la ley, ha sido mayúscula

Viví unos años en Suiza. Andaba yo con mi doctorado en Matemáticas y acudiendo a clases de Sociología. Los cursos y la elaboración de la tesis doctoral no me dejaban espacio para menesteres complementarios. No obstante, hice lo que pude y aproveché la oportunidad de poder escuchar personalmente a algunas de las grandes figuras del momento. Ya antes, me había familiarizado con Friedrich Dürrenmatt, un gran polifacético y uno de los pocos suizos (de habla alemana) con proyección más allá de la reducida geografía de aquel país de postal, en el que a poco estuve de instalarme sine die. Siendo Suiza un remanso de paz, de disciplina y de orden, Dürrenmatt escribiría: "Tristes tiempos estos en los que hay que luchar por lo que es evidente". Bien es verdad que más allá de la neutralidad helvética, en la Europa que vivió abundaron los conflictos.

La famosa frase vale para cualquier época, como otras muchas pronunciadas en las más variadas circunstancias y en los más lejanos tiempos. Los textos de los clásicos se leen hoy como si estuvieran recién escritos. Se diga lo que se diga, cualquier tiempo pasado fue peor, pues qué duda cabe de que la Humanidad en su conjunto, ha mejorado de forma ostensible. Siempre hubo que luchar por lo evidente. De vez en cuando, aparecen en las redes sociales párrafos en los que el autor se lamenta de cómo está la juventud, de qué modo se subvierten los valores tradicionales y de lo poco que se respeta a los mayores. Luego te quedas perplejo al leer que ese autor es, por ejemplo, Platón. La conocida frase de Ignacio de Loyola, "en tiempo de desolación no hacer mudanza", se transcribe ad libitum y a gusto del emisor, porque la desolación ante lo que a veces sucede alrededor de cada cual, es un sentimiento intemporal y casi habitual.

La sorpresa que nos ha dado el presidente Sánchez, que lo es con todas las de la ley, se pongan como se pongan los que se ponen como se ponen pase lo que pase, ha sido mayúscula. Porque en tiempo de desolación y tal vez de tristes pesares, nos ha mostrado una foto que ha impactado al más dado a no inmutarse. Parece mentira, pero esa sola foto, sin más ni más, ha cambiado las expectativas electorales de los grandes y de los pequeños, nos ha devuelto el gusto por el bipartidismo y ha relegado a papeles de reparto a los jóvenes predicadores de la nouvelle vague. Lo que no ayuda a creer, precisamente, en la capacidad reflexiva de las masas.

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